Los Soñadores

Nuestra comunicación empezó de forma extremadamente sutil. Ahora estoy convencido que, si no hubiera seguido aquel hilo de coincidencias, de sincronicidades, jamás habría descubierto lo que descubrí. Se trata de dejarse llevar por la locura, por la percebida locura de quien siempre vé conexiones en todo. De que nada es casual. Si uno se fija bien en las sincronicidades y las apunta en un cuaderno, entonces se da cuenta muy pronto que lo que parecen casualidades se amontonan de tal forma, que ya es ridículo pretender que se trata de eso: de casualidades. Fue una noche extraña, de visiones extrañas. Soñé que existe una cadena de personas que estamos todas conectadas y que nos comunicamos constantemente, nos atraemos, como si fuéramos imanes. Los Soñadores. Los Soñadores son Artistas, escritores, músicos, poetas. Escultores. Arquitectos. Bailarines, sacerdotes, guerreros. Hay soñadores en todos los estratos sociales, en todos los mundos, sean como sean. Todos tienen una cosa en común: tienen el don de la Imaginación Activa. Por eso, la gran mayoría de ellos son artistas, o tienen un vínculo importante con ello. Y con la magia, por supuesto. Tuve un sueño en el que vi a todos los Soñadores. Unidos. Se escriben, se pintan, se componen los unos a los otros. Sin saberlo, están constantemente buscándose, abriendo portales y ventanas hacia esos otros mundos donde los otros Soñadores existen. Porque estamos en un Mundo de Mundos. Desde la ilustración, ya no podemos notarlo, pero hasta el siglo XVIII, la frontera entre los mundos invisibles y los mundos sensibles era mucho más neblinosa. Fue esa separación entre la Consciencia y el Inconsciente, que marcó la modernidad. Era necesaria esa separación. El Sol tenía que iluminar, con fuerza, la nueva Sabiduría, el Nuevo Conocimiento, los Siglos de las Luces, del Progreso. Pero cuanto más el Sol iluminaba, más crecía la oscuridad. La sombra se alargaba más y más. Y el reino de las tinieblas se hizo más profundo que nunca. Todo se precipitó, se hundió, en los abismos de las grandes guerras, y el soporte de la cruz ya no era soporte. Se hundió con todo lo demás. Los monstruos, las serpientes, los dragones negros, todo lo arrasaron a su paso. Las tinieblas que hemos ignorado durante siglos han vuelto. Una nueva conjunción se ve, en el horizonte, otra Conjunción entre el Consciente y el Inconsciente, que va a dar a luz a una nueva Consciencia que se expandirá entre los Mundos, hasta que vuelva, de nuevo, a replegarse y a explotar, hacia nuevas y más altas (y profundas) esferas. La conjunción entre lo Visible y lo Invisible. Lo Arcano entrará, de nuevo, en el día a día, y la Imaginación fluirá en Realidades que se cristalizan con el agitar de una vara, o el timbre de un canto. Pero ese día aún no puede llegar. No. Aún no se dan las condiciones para que esto ocurra. Mira a tu alrededor. ¿Qué tipo de mundo podría nacer, de un mundo donde los hombres pueden crear cosas, de forma instantanea, con el poder de la Imaginación generativa? Sentí un escalofrío. Los Soñadores son la punta de lanza de esta nueva consciencia que busca integrar ese inconsciente, ese vergel imaginativo que brota, que erupciona, que late, en el interior de la tierra. ¿Vergel? Sí, pero también Infierno. Es capaz tanto de dar aliento a un paraíso, como de dar fuego a un infierno. El fuego de la imaginación.El agua del éter de los sueños. Lo más extraño, y no me lo pareció en absoluto cuando soñaba, es que entre los Soñadores hay muchos que no son humanos. Hay dos Razas de Soñadores en Mön. Los Seyr y los Humanos. Ambos tienen diferentes formas de soñar e imaginar pero, en última instancia, son las dos grandes razas creadoras. Obviamente, hay muchas sub-razas, y las leyendas e historias abundan de una hibridación entre humanos y seyr, aunque últimamente no es algo tan común como antaño. Los humanos son, por así decirlo, los Señores del mundo sensible, mientras que los Seyr dominan el mundo de la niebla. Entre ambos mundos hay una infinidad de mundos y de planos. En cada instante, nacen y perecen, y vuelven a renacer, infinidad de universos. Pero no voy a adentrarme en este jardín, por ahora. Seguramente habréis oído hablar de seres feéricos y de espíritus. Y de dioses. También habréis oído hablar de arquetipos, de motivos que se repiten en las visiones y los sueños de la humanidad. Están todos entremezclados. ¿El motivo? En los Mundos más fluidos, que pertenecen a la esfera de los Seyr, las fronteras se disipan. Los ancestros, espíritus de la naturaleza, dioses, familiares, monstruos, arquetipos, egregorios, tulpas, todos parecen entremezclarse y confundirse. Confuso para la mente humana, por supuesto, totalmente invadida y parasitada por el virus, la bacteria, del materialismo. Para el mundo de los Seyr no hay confusión alguna. Un Seyr puede ser, a la vez, un Dios, un ancestro, un espíritu de la naturaleza y un arquetipo. Participar de muchas de esas naturalezas que nosotros vemos como separadas. Se suele dar el error ahora, en las historias humanas del siglo XIX, de querer humanizar a los seyr, de darles una forma concreta. No podemos imaginar que un Seyr no posea una forma concreta. Los Seyr dicen que solo es propio del mundo materialista el que todo parezca de una sola forma. Es como un virus que nos ha poseído. Por ese motivo, los Portales se han cerrado. No todos, pero casi todos. Muy pocos portales se mantienen abiertos, todavía, a los Mundos Seyr. Los Soñadores son los que mantienen los Portales abiertos, a través de la ficción, de la imaginación, de las historias. Del arte. De la música. Pero, ¿Os habéis fijado como el arte de cada vez aparece más vacío, más desposeído de significado, de substancia, de alma? Aún la Separación tiene que ser más grande. Tan grande, que a veces me pregunto si no iremos demasiado lejos y perderemos el espíritu, para siempre. Pero

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El diario de marna

Cuando encontré el lugar adecuado, con mi péndulo, supe que ese era mi lugar. Un claro en el bosque, un círculo de piedras. Entré en el centro. Allí la tierra estaba ligeramente mojada. ¿Un antiguo manantial? Pensé en el Guía, con una sonrisa. Me pregunto qué habrá sido de él. Y de Mireia. Y de los demás. Desaparecí. Sí, creo que fue por un desamor, pero me desanclé con tanta pasión, que los recuerdos ahora son neblinosos, como intentando recordar un sueño del que solo quedan jirones, imagenes sueltas. Lo único tangible que aún me quedaba era aquel botellín con aquel líquido dorado. Sin pensarlo dos veces, rocié aquel círculo del centro del claro con el líquido dorado. Esperé. Esperé horas, días, semanas. Pero no ocurrió nada. No sé qué esperaba que ocurriría, en realidad. ¿Que algo creciera de aquel líquido? ¿Quizá un manantial? ¿Un árbol? ¿Una torre? El líquido, poco a poco, se filtra hacia el interior de la tierra, en las entrañas, en las cuevas, en los laberintos secretos que unen los mundos, las raíces que conectan las historias. Y empieza a caer, gota a gota. Basta una sola gota para que todo brote con fuerza, con violencia. Gota a gota… Querido diario, Hoy el profesor me ha vuelto a reñir, porque me ha pillado dibujando, en vez de leyendo el texto de ese aburrido libro que nos hacen leer. Ha intentado coger el dibujo, arrebatármelo, pero yo me lo he escondido en un bolsillo de mi falda. Creo que lo he mirado con un poco demasiado de rabia. Soy un poco impulsiva, quizá. Puede ser. Pero soy así. ¿Qué le vamos a hacer? Ha sucedido de repente, como una erupción. O una cascada, no lo sé. De repente he visto, en mi Ojo Invisible, un joven mago que rociaba con una extraña botellita, un lugar en el centro del bosque. Lleva una túnica verde, cabellos negros, ojos plateados. Es atractivo, o, bueno, a mí me lo parece. Mis amigas quizá no se fijarían en él: es delgado, tiene ojeras, anda con la mirada en el suelo, algo encorvado. Pero él no solía ser así, antiguamente. Algo le pesa, como una losa. Como una piedra en su espalda. Con rapidez, me he puesto a dibujar un cómic. Viñeta a viñeta, la historia de este chico ha empezado a coger forma. He estado dibujando durante ocho horas seguidas. No he cenado. Mis padres se han enfadado. No entienden el arte, no, no me entienden ni me entenderán. Son las tres de la mañana y el colegio empieza a las siete. Un segundo, voy a… ¡Ya estoy de vuelta! He dibujado un rápido autorretrato. En él, aparezco yo escribiendo este diario y, a un lado, una pila de papeles con los sketches, con el cómic. Yo también tengo dos grandes ojeras, como ese chico. También camino siempre mirando al suelo, algo encorvada. ¿Y si simplemente estoy proyectándome en este personaje? Self-insert masculino? Magos, brujas, dragones, castillos, Tolkien, dragones y mazmorras, Zelda, Skyrim, la playstation, cartas de Magic. Figuritas de warhammer. Mi habitación aparece tras mi autorretrato. Tengo la sensación que el joven mago, ahora mismo, está escribiendo sobre mí. Él es escritor, no es dibujante. Cada uno tenemos nuestras habilidades. Es mi forma que tengo de presentarme a él. Creo que me estoy volviendo loca. Pero bueno. A los seis años me llevaron al psicólogo, porque apenas hablaba. En la escuela los compañeros me decían que estaba loca, pero a mi me daba igual. Luego, más adelante, encontré mi grupito de amigos tan locos como yo y ya dejé de interesarme y de escuchar aquellos rumores. Creo que aún existen, esos rumores, pero no dejo que me afecten. ¿Dónde empieza, exactamente, la locura? ¿Qué diferencia a un loco de un cuerdo? Mañana por la noche hemos quedado, en la casa abandonada, para jugar a rol. El Señor de los Anillos. Mierda. Soy la “Dungeon Master” y aún tengo que terminar de preparar la partida de mañana y son las tres. Nah. La prepararé durante las clases. No quiero que te pienses que soy una repelente, pero lo tengo que decir: siempre termino mi trabajo antes que los demás y me aburro en clase. Pero no es que sea más inteligente. Simplemente, llevo leyendo casi desde la cuna. Vivo rodeada de libros. En mi casa todo es acerca de libros. Mis padres regentan una librería. ¿Sabes? Espero que no te importe si te tuteo. He estado dibujándote. Esa botellita dorada. ¿De dónde la has sacado? ¿Para qué sirve? ¿Quién te la dio? Tengo la sensación que tú mismo recogiste ese líquido de algún sitio. No sé por qué. En mi cómic aparecen unos recuerdos neblinosos, tuyos. Te introduces en una cueva y has metido la espada en una vena invisible, del interior de la tierra. Y de allí brotó ese líquido dorado, o rojo. No estoy segura. Pero cuando has vaciado la botella sobre el claro no ha pasado nada. O eso es lo que tú crees. Porque ese líquido tiene una magia especial. Gracias a ese líquido te he visto, a través de los velos que esconden los Mundos. ¿Es un líquido que pasa de generación a generación, de magos a magos? Quizá, quizá. No lo sé. Querido diario, Hoy no me he podido concentrar en la partida de rol. He creado, como siempre, una partida, he sido dungeon master, pero mi cabeza estaba en otro sitio. Al llegar a casa, he vuelto a dibujar y he visto que te habías construído un carruaje, con tus propias manos, tirado por dos caballos. Son dos caballos que las hadas te regalaron. De hecho, las hadas también te han ayudado a construir el carruaje. Todo mago tiene que construirse su medio de transporte, su hogar, su propio Centro del Mundo. Un centro que se mueve pero que está detenido. Paradoja. No sé ni qué estoy diciendo. Necesito dormir. Estoy cansada,Marna. Querido Araun, He decidido llamarte Araun. No sé si realmente ese

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Ogari

Aún recordaba las palabras de su Guía, resonaban claras, altivas, profundas. Como si las estuviera oyendo ahora, después de tantos años. Es muy fácil saber lo que a uno no le gusta, lo que uno odia. Pero… ¿Lo que uno ama? ¿Lo que a uno verdaderamente le gusta? No, no me mires así. No es Claudia, ni Mireia. No, ni tampoco ese libro que te gustó tanto. Estoy hablando de cosas que puedes hacerte tuyas, de lo que amas de forma incondicional y que no fluye desde otras personas. ¿Entiendes? El adolescente, aprendiz de mago, la túnica sucia después de recolectar en los bosques y valles las diferentes plantas, se quedó mirándolo, parpadeando. -Libros, chicas y magia. Eso es lo que a mí me gusta. También me gusta, mmh, caminar, viajar, cuando no tengo que trabajar, claro. Porque lo de recolectar hierbas, buf, mi espalda. Me siento como mi abuelo, que se queja de la espalda todo el rato. Con su Guía era con la única persona, exceptuando a su abuelo, con el que se soltaba y hablaba, casi como uno de esos extraños y ruidosos extrovertidos. Mientras ponía en pequeños montones las diferentes hierbas, que su Guía le había enseñado a diferenciar durante las últimas semanas, prosiguió. -Me gustan muchas cosas. Escribir, dibujar. Tocar música. El arte. Sí, como a mi abuelo. Y como a Mireia. Me gustan las chicas. ¿Ya lo he dicho? Y la magia. Y encontrar libros raros en las bibliotecas. Y los mapas. Y volar contigo por esos mundos. Y… El Guía seguía en silencio. -¿Y lo que no me gusta? Curiosamente, me cuesta más pensar en lo que no me gusta. Sí, soy un niño raro quizá. ¿No? ¿De verdad a la gente le cuesta pensar en lo que les gusta? Pero si es lo más fácil del mundo – una vez tuvo las hierbas seleccionadas, las introdujo en saquitos con su runa correspondiente. Esas hierbas, luego, las venderían a los diferentes mercaderes de los Pueblos del Octágono – No me gusta, uuuh… hablar del tiempo y de cosas aburridas. Aburrirme. La gente aburrida no me gusta. ¿Sabes? Prefiero hablar con gente retorcida que con gente aburrida. Aprendes más. ¿Qué más? Cocinar. Me parece un rollo. -¿Por eso siempre sales con excusas para no tener que cocinar? -¿Excusas? Bueno. Trabajo más. Prefiero trabajar a tener que cocinar. A Mireia le encanta cocinar. Cuando dijo aquel nombre, Mireia, fue como si un encantamiento secreto hubiera tomado posesión de él. Se le encendieron los ojos. Y las mejillas. -Ya veo. Siempre que Mireia cocina, se te ve muy interesado en lo que hace. Se le encendieron aún más las mejillas. Y cambió de conversación. -¿Más cosas que odio? Los insectos. Las avispas. Menos las arañas, que se comen a los mosquitos y a toda esa chusma. Odio los puzzles, el ajedrez, la química, las matemáticas. Lo odio porque me hacen sentir tonto, no por otra cosa. También me disgusta la gente normal. -¿La gente normal? -Si. La gente normal hace cosas normales solo porque…es lo que hace la gente normal. Sin pensarlo. -¿Te refieres a los Pert? Los Pert son la gente que está fuera de Món. En otras palabras, la gente que vive vidas corrientes al margen de la Magia. Todos los humanos tienen facultad para la magia, pero pocos sienten una atracción natural por ella. No sienten la necesidad de ir más allá de sus narices. Ni para la magia, ni para cualquier otra cosa. Para bien y para mal. A esa masa de gente se les llama Pert. En la primera lección con el Guía, se nos dejó claro a los aprendices de magia, que el mundo de los Pert no es un mundo aparte. Ellos viven en el mismo mundo pero son ciegos al Mundo Completo, a Món. Viven como inmersos en una niebla. Todos hemos sido Pert alguna vez. Decía el Guía. Pero yo sé que eso tampoco era del todo cierto. Algunos Pert se introducen en la Magia, sin que otros en la Familia lo sepan, pero la gran mayoría de Magos vienen de familias de magos. No es cuestión de sangre ni de raza. Es cuestión de educación. Es más fácil que un niño que está rodeado de libros se vuelva escritor, que uno que vive rodeado de neumáticos y motores. -Sí. Los Pert me aburren. Me aburre tener que pasar el tiempo con los Pert. ¿No podríamos tener un mundo separado de ellos? -No te voy a juzgar por esto. Muchos guías te dirían que no critiques a los Pert, pero, en el fondo, piensan lo que tú piensas. El problema, sin embargo, de crear un mundo separado de los Pert es que ya lo hemos intentado varias veces. Y siempre ha fracasado. El niño se rascó la nuca, el ceño fruncido. Era cierto. Durante los siglos, los Ogari (lo que los Pert suelen llamar “magos”, “brujas”, “hechiceros”, etc), habían intentado varias veces crear una sociedad aparte de los Pert. Pero cada vez, había terminado en terribles guerras mágicas que casi habían acabado con el mundo. Muchos terremotos y erupciones, muchas catástrofes que se creen “naturales” han sido producto de estas guerras que, para la gran mayoría de gente, son invisibles. De aquí provienen las fábulas fantásticas de seres feéricos que guerrean entre ellos y de terribles magos que entran en grandes batallas. -Los Ogari tenemos más poder que los Pert, pero el poder no te da superioridad moral sobre el que no lo tiene – decía el Guía, en la primera lección – Por ese motivo se creó el Consejo, para evitar que los Ogari terminen esclavizando a los Pert y, con ello, llevarnos al desastre. Pero volvamos al principio de esta conversación. Mi guía me preguntaba acerca de las cosas que realmente me apasionan. ¿Qué quieres realmente hacer, con tu magia? Yo no lo sabía, en aquel tiempo. Pero él sonrió y me dijo que el primer paso hacia tu propia Magia, es no saber

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Imagination

The magician laid out the cards in front of him. They formed a circle. At the center, there was the card of “The Magician”, a wandering sorcerer that roams the lands with a Living Tower. These cards are similar to the tarot, but there is a fundamental difference. Depending on the day, the weather, the mood, and many other factors, what is shown in the cards changes. For example, sometimes the Magician is in a flying cabin, or driving a magic chariot. Sometimes he is old, other times he is young. The possibilities are endless. But some fundamental things remain the same. The magician is a figure that is capable of traveling the worlds and is the only figure that is aware of the so-called Split. Or Broken Mirror. It is the direct Link with the Author, the Artist, the One that Opens the Portals, the Veiled One, the Invisible One. The One that is nowhere but everywhere, at the same time. The magician looked at the cards for a while. Laid out in front of Him: a young girl surrounded by paintings, in a clearing of a forest, as if the paintings were Portals to different worlds. She dances around, jumping, spinning, painting, in ecstasy. A musician with a lute on his back, a magic lute, he plays the forgotten songs that will lead him into the Forgotten World. Another Portal opener. Next. The Dragon Rider. The piercer of veils. The black sword of runes. The Liberator. He reclaims the Kingdom that was buried under centuries of black magic. Piercer of Veils. Opener. There were more cards, more characters. Whenever he feels the call of the Invisible One, whenever he feels he is invoking him, he closes his eyes and allows Him to possess him. He shuffles the cards and places a new Card at the Center, the person he is about to Become, the Story he is about to travel to. The world. Anchoring into another body, another world. Portals, portals, portals. They all have this in common. They are openers of Portals to Worlds that were previously sealed. Sealed by whom? He doesn’t have the answer. Not yet. It hasn’t been revealed to me, the Invisible One, the Author. The Magician has been pondering about this for a while. The Blank Card, the only card that has no image and no name. This is the Card of the Invisible One. But…Why won’t he manifest himself? Doesn’t he have a True Face? Does he always need to manifest through us, his Egregores, the pieces of the Broken Mirror of His Soul? There is another Invisible One playing me – I whispered, to him – I am anchored here, in this life, in this time, in this world. And, sometimes, I can feel the Invisible One invoking me, and I become different people in different worlds. Those worlds and those people come from Him. I am a vessel. The same way you are a Vessel of me. We are all vessels and creators. And this goes on to infinity. As above, so below. The Shinto religion is right when it comes to the Identity and the shape of the Gods. There are no statues in shinto. Whenever you enter a sanctuary, the place where the god dwells and visits is empty. Because gods and spirits go way beyond any temporary masks and shapes and forms. But the same is true for us. We are wearing thousands of masks and our life is nothing else than another Story that, for a mysterious reason, we feel is truer than the other Stories. We give shape to our gods and spirits, because we like seeing them as familiar to us, as closer to humans. I do this. Everybody does this. The Center. The Cards are the stones of stories that surround the Sacred of Sacred spaces. The Tree of the Worlds. The scepter of magic. The oak scepter with roots to the underworld, with branches to the kingdoms of the stars and planets. There are five trees at the center of the Universe. But I am tired of talking about this. Mental masturbation. The Myth. I am trying to control the myth, to hold it with my hands. The more you try to hold a myth, the more it flows through your hands and escapes. Five trees – I repeated, insisting – One for each element. The tree of fire, of water, of air, of earth. And the quintessence, the Tree of Trees, All Worlds become One in this Tree. The Tree of the Spiral. The Fifth element, the hidden element, the Union, transcendence. The tree is magical. And changes, transforms, it takes the form that people give it. In fact, it is not even a tree. The Tree is one of its representations, one of the many forms it takes. Under the infinite masks, you can’t find it. You can’t find the Invisible One. But it is everywhere. Everywhere and nowhere. Artist. Writer. Creator. If you are reading these lines, know that you are also the Invisible One. The Builder of your Own Myth, of your own Universe. We were, we are, we will always be. The Invisible Ones, the Singers, the flame that keeps burning even at the center of the storm. The flame of a bonfire, stories, threads that you, only you, keep alive, threads of the weaving of this wonderful imagination, the Fire of Fires. I heard a voice. In fact, this voice was loud, louder than this fire that keeps us warm. I was ashamed of this voice. It sounded like inflation. It sounded too proud. Shut up! But the more I wanted it to be quiet, the louder it would get. It said: “Even the four elements, even the quintessence, these are all limitations. It’s a limitation imposed by the Imagination of another. Don’t limit yourself to those metaphors from other people. Fire, water, earth, air? What about dust, wood, plastic, wool? What about Mist,

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The Dragon rider

The Abyss. The Abyss. At first there was nothing but Abyss, an empty Abyss.But there was no sorrow, no fear, no lackno desirewithin that darknessJust Silence. The Silence of a Seedan uroboros, a snake, a dragonbiting its tailIt poisoned itselfand with that poisonthere exploded the antidotethe panacea that gave birthto a wounded, screaming WorldThe umbilical cordthe terror, pure terror of the newbornand then, opened-eyedfascination of a world that is stillhis WorldFirst, the separationThen, he touched the world andunderstood, with no wordsthat the World was also His. Unseparated And this is how we really areunseparated from the worldwe go on, in childhood, magicallyscreaming, alone, through the fieldslaughing in the sunlightthe two kids, holding handsno past, nor futurejust the way thingsarethe way thingsought to be. Unseparated. And then, one daynaked, our hearts beatingwith joythe snake came backthe snake of the Abyssand bit youon your little foot.And you were dyingDying. Death. Death descended from the terriblesky; ascended from the depthslike an earthquakeDeath for a childI remember. The fear, like a facelesswave, a dark wave thatthreatened to take you awayfromme. Separation. Snake! I screamedmy eyes gleamingwith fear, with terrorand, then, with ragethe first hatefuleyesin that world. I took a brancha pointed branchlike a lanceand pierced the snake’sskinthe snake is dead! The snake’s bloodquick!I took the snake’s bloodand covered yourwoundwith it. And, miraculouslyyou went backto life.We hugged, with laughterand tears.Reunion.Desire.I love you.I won’t leave youno more. And IAnd I willmake loveto you. And then,from behindthe snake, rebornspoke. From my old bodyyou took the poisonand the antidoteand now you bothyou both are son and daughterof the Snakeof the Dragon. This is how the ancient race of the Dragonwas born.It is said the descendantsof the first humans bit and curedby the snake poison and bloodwere the Dragon riders that wouldbecome legendary.But then, their legend disappearedand the Usurpers, the false heroesstarted killing the Dragons. Mysterium Coniunctionis. First, there was an abyssthen, the snake killed herselfand cured herselfso the two children could be bornand, in innocence, they roamed the worldsfree from worry, free from sorrowand desire.Until the Snake took backwhat was Hers.The WoundThe Cure.So that Love couldwork itself through the agesand the Wound of the worldbe cured once and for all. Everything in this worldis a dancebetween poisonand antidote.And until they are bothone, and the samethe same dramathe same theaterwill repeat alwaysand forever. But maybethat’sthe beautyof it all. The red wheatwaving as the seas ofthat beauty beyond poetrybeyond wordsthat belongsto the fairythe madmanand the child. Red wheat, take me backto that moment whenmy lips departedwith a smilebrewing poetryin this Inner World. Mysterium of the Soul. And I said: The Red Wheat Fear was dissolving inside the reddish wheatexploding life from within the jar of centuriesthe cauldron of fairieslife beating clearly, fasta dance in sunlightwith every songa new world was createdspiraling, embracing the eternal whirlwindinterconnecting storieswhere does everything start and finish? Nobody cared. The moon in those days was bluesoft, dissolving in the nightbeating like a heartits rays embracing the dancerswe had sex, wild forests, the beastthat springs withinhorns of harvest, erectionpenetration. Riding the waveof my desirea rune sprang from your lipsHorned, bearded, the ancientroots of the forestspossessed me.And the dance went on and onAnd fairy after fairythey rode and traveled and screamedrune after runethe seed grows like the gardenthrough a Monzoonand vibrating, riding waveslike an excited sitarmaking love with the drums.And we were born from that storma lightning over the pondThey came out, nakedand she was pregnantwith the son of the Runes.And it is said that only Himcan take the swordfrom the side of the Dragon,only the son of the Dancers of Worlds The son of the Horned Onewill pull the sword that torments the Beastand then he will ride the DragonAnd liberate each worldpierce the veil and sing the songof the runes, once again. The amount of synchronicities surrounding this theme would be scary, if I didn’t know about the Reality of Synchronicities. I took a card out of my hundreds of cards, and the theme, as you can see, is the same as the one I have been talking about, lately. The Dragon riders. But first I will explain to you, my beloved reader, what those cards are. Those cards are a compilation of my stories and their recurring themes and elements during the years. I stored all of them, patiently, so that I could reuse them whenever I pleased. What I normally do, is take one of those elements, randomly, with my eyes closed. Today I took the card of the Abyss and the other one was about the World Tree. Then, finally, I took a poem I wrote some months ago, a poem I totally forgot about “The Red Wheat”. No matter how many times synchronicities keep happening, you are never prepared for them. When I saw the final lines, I was just in awe. Go back to my previous stories I have been writing lately, and you will know why. But Enough of this self-masturbatory commentary. I will now proceed to analyze this poem. If you prefer to take in the poem as it is, feel free to skip this analysis. But if you are curious about the different things that can come out from this poem (you never know which rabbit hole we will end up into!) then please, come with me! Fear was dissolving inside the reddish wheatexploding life from within the jar of centuriesthe cauldron of fairieslife beating clearly, fasta dance in sunlightwith every songa new world was createdspiraling, embracing the eternal whirlwindinterconnecting storieswhere does everything start and finish? First I will explain to you why I feel the need to analyze, write and compose from my own poetry and stories. The answer is more simple than you imagine. It is simply because, when I write, I do it as if I was possessed by a spirit. I rarely remember the things I wrote about. It is similar to a process of invocation, but in reverse. I am invoked by a Spirit and I become a vessel for a story,

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Eryn

SillaTerrazaBarcosNavegan los barcosUn puertoGaviotasSe preparanpara zarpar.¿Las gaviotas?No, tonto.Una gente.Van y vienen de los barcosuna miríada de gentede diferentes razaspañuelos de colorestúnicasbarriles, jarronesjaulasanimalesesclavos.¿Esclavos?Sí. ¿Qué tiene de extraño?Estamos en guerradeberían estar agradecidosque no los matamosni los metimos en la cárcel.Ahora, tendrán que servir y trabajarpara sus amos.Un día, quizá, puedan ganarsela libertad. Después de muchosmuchos años.¿Quién habla?Soy el gobernador de esta ciudadEn la silla, en la terrazaviendo como el Sol sale más alláde este precioso mar celestemar de mares, mar de mil civilizaciones.Alrededor, unos guardas esperanestoicos, hipertérritosha llegado la expedición, fruto deuna nueva alianzaque ha hecho trontollar el statusquo.Las dos ciudades-estado, Gren y Opol, las más poderosas del Mar de Allyn, van a sellar, oficialmente, la alianza esta tarde, con una gran cena ceremonial, intercambio de regalos y una posible, futura boda entre la hija pequeña del gobernador de Gren y el segundo hijo del duque de Opol. Los dos grandes potencias, que empezaron como dos pequeñas ciudades independientes, van a repartirse el continente que han descubierto. Después de la Guerra que ha durado medio siglo, los dos jóvenes gobernantes han decidido pasar página y repartirse el botín. Después de la gran pompa, la copiosa cena, un gran baile en el Palacio de la Colina, litros y litros de vino, canciones, alguna que otra escaramuza, flirteos y risitas en los jardines, la expedición zarpó hacia el nuevo continente. Ambas potencias van a repartirse el nuevo pastel. En medio, el continente de Món, que lleva siglos aislado, gracias a sus nieblas, a su magia. Esta vez, sin embargo, nada ha funcionado. Se acabaron los tiempos de la superstición y del oscurantismo. Los Señores de los Bosques, de las colinas, valles y montañas, las Órdenes Mágicas, los Dioses y Espíritus, los templos, santuarios y las viejas runas. Todo fue desmantelado, de forma lenta, de forma exhaustiva. No hizo falta destruir nada. Esta es la vieja forma de hacer las cosas. Ahora, lo que se estila es la subversión. Sale mucho más barato que la guerra (que les den por culo a los mercaderes de armas) y todos salimos ganando, o eso les hacemos creer. Porque quien siempre sale ganando es el que subvierte. Nuestras ideas, nuestro pensamiento, cultura, religión, el idioma, y nuestra forma de comerciar. En todo, salimos beneficiados. Pero hacemos creer que ellos también se benefician. ¿Y qué os daban esos viejos chalados, esos druidas y magos? Cubre de dinero a una comunidad, y ésta dará la espalda hasta incluso a sus propias madres. Pasaron varios siglos. El viejo continente de Món estaba irreconocible, al menos de forma externa y superficial. Los nuevos puertos, con la estilizada y redondeada arquitectura de los estados del mar del sur, los ríos repletos de barcos llenos de mercancías, un gran éxodo de jóvenes hacia las liberales ciudades de los puertos. Universidades, libros, la luz de la Razón brilla con fuerza. Una nueva era sin las viejas supersticiones, magia y espíritus. Liberados de las Órdenes. El hombre de la túnica verde me acompaña por esas tierras ya prácticamente despobladas. Ya hace tiempo que dejamos uno de estos nuevos caminos por los que ya transcurren estos extraños vehículos de vapor de agua, de las granjas y de las minas y bosques hacia los diferentes puertos, repletos de madera, minerales y comida. -Todavía no me has dicho tu nombre – dije. -Llevo tiempo observándote. Caminas sin rumbo. Lo veo. Normalmente no me suelo fijar en lo que hace la gente. Pero un caminante sin rumbo…siempre me llama la atención. Acababa de conocer a aquel hombre. Me había preguntado si me había perdido. Yo tuve que ser sincero. Le dije que sí. Le pedí que me llevara al pueblo más cercano, a un lugar donde hospedarme. Llevaba días al raso. No es que me moleste, llevo años acampando en diferentes sitios y casi toda una vida deambulando por el mundo. Pero allí podías pasarte días sin encontrarte a nadie. Es un continente enorme, pero vacío. O así, de momento, me ha parecido. Él sonrió y accedió a guiarme por aquel lugar salvaje, sin caminos, de bosques, valles estrechos. Y montañas cubiertas de nieve. Como vi que no me decía su nombre, preferí no insistir. Hay gente que decide, por X razones, no dar su nombre. Y respeto esto. -Me gusta visitar sitios olvidados. Me llama la atención que se sepa tan poco de Món, de antes de la colonización. He venido a recopilar historias. -Historias – repitió el hombre – Muy pocos quedan, que recuerden las viejas historias de este lugar. Pero conozco un hombre. Un anciano. Mmh. Sí, él quizá aún recuerde. -Estaría muy agradecido si pudieras llevarme a este hombre. Él, en aquel momento, se detuvo, su cetro con las dos serpientes enroscadas. Sonrió, desde debajo de su capucha. Y dijo: -Para eso estoy. Cuando entré en la vieja cabaña, el anciano no se giró. Estaba sentado en un viejo balancín, delante de una bien alimentada chimenea. Sus ojos estaban inmersos en el fuego. No estaba siendo mal educado. Simplemente, no estaba allí. Antes de entrar, el hombre de la túnica verde, con su espeso acento, me había advertido. -Agyl no habla el Gardo. Es el único hombre del continente que no sabe hablarlo. -No sabía que aún quedaban monolingües en la lengua de Erys. -Él es el último. En aquel momento, sin saberlo, mis ojos se encendieron. No pude evitarlo. El último monolingüe de Erys. Me parecía algo increíble, como sacado de un cuento de hadas. -Haré de intérprete. Vamos – añadió, por última vez. Me senté a su lado. Él aún no me ha visto. Sigue con los ojos clavados en el fuego, como si su alma estuviera más allá del fuego. Entonces, dije: -Agion. Edd issta los.* Aquello lo devolvió a su cuerpo, a aquel lugar, como en un encantamiento. Parpadeó y me miró, entre sorprendido y asustado. Aquellos ojos…no ven, están ciegos. Pero me ve con otros ojos invisibles. -Agion – me respondió, la voz trémula – Edd issta los. Yre far

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Concepción

En resumidas cuentas, trata de la historia de un hombre que, un día, encuentra el viejo péndulo que, en su infancia, una niña misteriosa le regaló. Gracias a ese péndulo, encuentra, por fin, el Camino que lleva al Centro del Bosque. Hasta aquel momento, por una razón que desconoce, el centro de aquel bosque era impenetrable. Pasó por treinta y tres encrucijadas. Cada vez que llegaba a una encrucijada sacaba el péndulo y éste le indicaba el camino. Por fin, llegó al centro del bosque: un claro. Un círculo de piedras. En el centro del círculo hay algo enterrado. Lo sé. El péndulo está dando vueltas en este lugar, como si hubiera enloquecido. Con las manos desnudas, desenterré lo que estaba enterrado: una espada rota. “Solo yo mismo puedo reforjar la espada” ¿Pero cómo voy a hacerlo? Sé que tengo que encantar la espada con las Runas de poder que solo yo conozco. Pero…¿Cómo voy a descubrir las runas? ¿Mis propias runas? ¿Qué son, realmente, las Runas, y para qué las quiero? Paciencia.Soledad.Silencio. Cuelga del Árbol de los Mundos. Suspendido en el centro del Universo. Y espera. Espera el susurro de un mundo que está naciendo. El sudor de tu cuerpo, las lágrimas, la saliva. El semen. La sangre. Todos mis fluidos resbalan y caen bajo el árbol. Lo riegan. Y el árbol empieza a florecer, con toda esa nueva sangre, con todo ese sudor, con la semilla que da vida, elementos preciosos que te ofrezco, oh, Diosa de mis adentros. Ofrenda. El Árbol está floreciendo. Pero aún solo existe un árbol, ese pequeño árbol en este inmenso desierto de este nuevo mundo. No existen las nubes. Nació el Sol. Nació la Luna. Pero solo llueven mis fluídos. Aliméntate de mi vida. Aquí, cuelgo por tí. No quiero las runas, no necesito conocimiento. No necesito nada. Estoy aquí, colgando del Centro del mundo, porque quiero darte vida, mi vida, mi semilla. Para que crezcas. Para que puedas brotar y crecer y multiplicarte. Quiero hacerte el amor en esta soledad, en este silencio sagrado. Miles de abejas. La Reina de las abejas. Miles de abejas llegaron y empezaron a polinizar las flores. Su zumbido me sume en una profunda meditación, vibra mi cuerpo. Toda mi alma está vibrando. El Árbol está vibrando. Cópula, miel y fruto. Cuando las abejas terminaron su trabajo, la cuerda que me amarraba al árbol se rompió y caí al suelo, junto a la espada rota en pedazos. Escuché una voz, desde el interior del árbol.Tu voz. Solo cabe esperar. La paciencia de quien sabe que es inevitable. -¿Qué es inevitable? Que la flor se convierta en fruto. Y que el fruto de lugar a un nuevo Bosque. Iba a decir algo más, no recuerdo qué, pero desde las raíces del árbol, allí donde todos mis fluídos habían caído, se levantó una neblina. Y, de aquella neblina, se formaron unos nubarrones negros, preñados de tormenta. Y, entonces, llovió como nunca he visto llover, durante semanas y semanas (a mí me parecieron eones – el tiempo pasaba de forma extraña) sin interrupción. Cuando la tormenta, por fin, arreció, un lago se encontraba ahora, en el lugar donde antes había habido un claro. En el centro del lago, el inmenso Árbol, repleto de frutos dorados. Y ocho ríos que parten del lago y han empezado a regar, con sus aguas, un mundo nuevo. Entonces, lo comprendí. Solo hay una cosa que puedo hacer: dejar que el nuevo mundo se despliegue, a través de mí. No hay nada que esperar, que hacer. No hay un objetivo. No hay runas que descubrir, no hay nada que resolver. Solo dejar que todo se despliegue, en la forma que llegue. Como la naturaleza. Como los árboles, las flores y la danza de las estaciones. El huevo Cierro los ojos y dejo que las imágenes vengan a mí como una oleada, como una catarata. Una ventana. Hay un niño sentado en la ventana, está mirando el horizonte. Allí, a lo lejos, hay un dragón que sobrevuela una ciudad en un valle. No veo fuego, ni peligro. De hecho, hay varios dragones que van y vienen de la ciudad, como si fuera lo más normal del mundo. Sobre los dragones, hay gente montada. El niño dibuja ese paisaje. Lo ve, con su tercer ojo. Dibuja a los montadores de dragones. En su grimorio personal, pinta una ciudad. Su escudo de armas es un hombre que monta un dragón. Un fuego celeste sale de su boca. El fuego de dragón es muy diferente al fuego corriente. Es un fuego que transforma. Un fuego mágico. La razón por la que los dragones son asesinados – escribe el niño, bajo el dibujo – es porque este fuego tiene que ser eliminado de la faz de la tierra. Los grandes dragones fueron asesinados por los Usurpadores ya hace muchos, muchos siglos. El niño siente un escalofrío por la espalda. Hace frío, pero no es un frío externo. Es un frío de su alma. Su mano se dirige, temblorosa, hacia la hoja y empieza a dibujar una bonita flor abierta, una flor en el suelo. En el centro de la flor, un huevo. Sobre la flor, varias águilas sedientas dan vueltas alrededor del vuelo. Quieren robarlo, comérselo. El niño supo, en aquel mismo instante, que aquel huevo existía en algún lugar, en su mundo. No en un mundo de fantasía, no en los pliegues de un libro, no en el confort de una imaginación cerrada, encorsetada. No. El huevo existe aquí y ahora. Y está en peligro. Así que aquella misma noche se escurrió hacia las caballerizas, haciendo el menor ruido posible, cogió el pony que le había regalado su tío, y se fue cabalgando hacia un lugar que conocía muy bien. Si no me doy prisa, el huevo va a ser devorado. Fue aquella noche. Sí, aquella noche fue la noche que lo cambió todo. Cuando llegó al claro, vio a un grupo de criaturas negras que se

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El parque de atracciones

Europa Hace tiempo que quiero leer algo interesante que no ha sido mancillado por la visión cristiana, semita, de oriente medio que, como un virus, se infiltró en Europa y poseyó a todos. Los bosques fueron arrasados, los santuarios silenciosos, sin estatuas, fueron quemados y monasterios, iglesias, cruces, santos, cristos y apóstoles fueron erigidos en esos lugares. Nada escrito queda, del mundo de antes de la Escritura, de antes del Libro. Incluso los cuentos de hadas, las leyendas, los mitos, han sido envenenados por la cruz. Los neo-paganos tampoco me interesan. No me interesan las excavaciones arqueológicas, ni los relatos de César. El virus romano, y el virus de la ilustración, más virus que acabaron con la multiplicidad de los espíritus de la Vieja Europa. El racionalismo no me interesa. Es una estupidez absoluta. Gente que cree que lo que ve es lo que existe, que lo que puede medirse con instrumentos humanos es la “Realidad”. Y no solo otra máscara más en este Mundo que Fluye. Mundo de mundos que fluyen, los unos en los otros, constantemente. Soy de la creencia que solo a través de la Ficción, podremos recuperar lo que se perdió. Pero lo que se perdió no fue una religión, una secta, unos rituales mistéricos. No. Todo eso ha sobrevivido de formas distintas, en los ritos cristianos, en las festividades. No. Lo que se perdió fue un Mundo entero, el Mundo de Mundos donde cada vida es un Mito diferente. La magia de uno mismo que se despliega y hace el amor con otras magias y otros Mitos similares. La Ficción es algo que está vivo, que fluye constantemente, que inunda la costa de la conciencia, como una marea, para volver a bajar. Y cuando la marea baja, uno se da cuenta que todo ha germinado y lo que parecía el fin del mundo, era, en realidad, el Comienzo de uno Nuevo. No se puede llegar a un nuevo mito sin las piedras, las rocas, las runas, los símbolos, de lo que ha sido, porque los mitos sólo sobreviven en las espaldas de los mitos de otros, inconsciente colectivo, mundos que se entrelazan, imágenes que entran en erupción, imparables. Durante dos milenios, todo fue reducido a la cruz, a una sola historia, a una sola narración, las viejas historias bíblicas, y Dios convertido en hombre-Cristo. Esta reducción ha empobrecido, ha metido en la miseria, el alma europea. Ha llegado la hora de narrar, de escribir, de imaginar, fuera de esta historia encorsetada, de este mito de hierro y de espinas, corona de espinas de un sufrimiento constante. El hombre errante de la túnica verde, la joven de cabellos azules y ojos de Sol, la otra joven, de cabellos nocturnos, y ojos de fuego. El ciervo salvaje, el Señor del Bosque, el Árbol y la Torre, el niño y el Libro vacío, repleto de musgo, que contiene el germen de su propia Magia, los Viajeros de mundos, los Artistas que abren Puertas y descubren puentes y caminos. Las Cartas de las historias, el susurrador de Espíritus, la infinidad de Puertas, el corro y la danza, el tañir del arpa, los seres de tierra y de agua que danzan alrededor del Bosque de robles. La Isla de los cielos, que flota sobre las nubes y las barcas cuyas velas están hechas de niebla, de nubes, de tormenta. La espada que atraviesa el Velo que separa la Ficción de la Realidad. Las runas feéricas, unidas a las runas humanas. El Mundo donde no existe el mito ni la realidad: opuestos que se han unido. Si le preguntas a un habitante de este Mundo qué es una historia, no te sabría responder, pues las historias están vivas, en este mundo. La Imaginación tiene su expresión instantánea en los ojos de estas Razas. Los Seyr son seres hechos de Éter imaginativo. Todo lo que uno imagina y expresa, es plasmado y expresado en la Realidad. Pero estamos lejos, muy lejos de esta vibración. Queda mucho trabajo por hacer. Poco a poco, los que Abren los Portales están despertando. La corriente lleva siglos, fluyendo bajo tierra, bajo la cruz, la media luna, el mandala. Este es mi mito, es solo mío. Pero, a su vez, y esa es la paradoja, a través de mi mito, otros mitos van a salir a la luz. Y la unión de todos estos mitos harán nacer un nuevo mito de mitos y nadie sabe cómo será este Mundo. Poco a poco, iremos recordando. Porque la imaginación no es más que una recolección, recordar lo que fuimos, somos y seremos. Porque el tiempo, en los mitos, no existe. Hubo una erupción. Y todo lo que estaba escondido y desterrado, ha sido devuelto a la superficie. Y ya no hay nada que pueda volver a enterrarlo. ¿O si? Hay que reconstruir, antes de que El Oscuro, el Escondido, vuelva a enterrarlo con sus garras afiladas de un desierto que no pertenece a Europa. El parque de atracciones Noche en el parque temático. El viejo parque temático. Abandonado. Me gusta venir aquí, pasearme entre las viejas y arruinadas atracciones. El resto de la gran ciudad, con sus rascacielos, efervescente de vida, de prisa, de miseria. De amor, de desgracia. Pero aquí no pasa el tiempo. Mancha negra en medio de la ciudad. Por aquí deambulan los desechos de la ciudad, los inadaptados, los que se han perdido y ya no desean más que seguir perdiéndose.No me vais a creer, quizá. Pero he visto cosas extrañas, en este parte. Sombras, apariciones. ¿Son los recuerdos grabados en el inconsciente colectivo del parque? Escucho a veces voces de niños, aunque en el lugar es obvio que no hay niños. Escucho, a veces, un llanto, música de vodevil, como si viniera de las profundidades del océano. Pero aquella noche ví algo distinto. Bajo la luz de la luna, allí arriba, sobre los raíles de la oxidada montaña rusa. Una figura pequeña, diría incluso que diminuta. ¿Un niño? Camina por los raíles con

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La caja

Terminé de escribir aquellas lineas. “No, no ha sido un sueño”. Fuera escucho los grillos, me calman, cantan al vacío de esta tierra sin espectros, sin fantasmas. Ya no quedan espectros en esta casa. Si los hubo, la naturaleza los reclamó, de vuelta a su abrazo de raíces y ramas, de Soles y Lunas. Y estrellas. Pero hay espíritus. Siento que, desde la erupción, toda la tierra se ha llenado de espíritus. Escucho sus susurros, sus cantos, sus conjuros, su poder. ¿Son espíritus, o historias? ¿Son personajes, o son seres de otros mundos? La realidad y la ficción, las fronteras aparecen borrosas en esta sagrada noche. El pozo, el agujero, el hombre de la túnica verde, Viajero de los Bosques y de las Colinas huecas, con su caduceo. Los artistas, los poetas, los músicos, los escritores. Abrimos pozos y caminos, laberintos subterráneos que conectan los mundos. ¿De dónde vienen esas visiones? ¿Qué es, realmente, la Imaginación, más que una ventana que se abre, un Portal, uno de estos picaportes que pego a esa Puerta y se abre a un mundo nuevo? La vieja religión, The old faith, es una religión de Puertas. Puertas infinitas. No hay altares, ni sacrificios, ni estatuas. Los dioses, los espíritus, se aparecen en la forma que quieren. “Dioses, espíritus”. Esa vieja religión no es una religión de dioses. No. Todos somos espíritus. No existe la separación entre lo espiritual y la carne. Todos, como la bruma, entramos y salimos de los mundos, de forma sutil. Los mundos cayeron en el abismo de la Separación. Los artistas son los únicos que aún mantienen viva la Vieja Conexión, mundo de mundos que se interconectan. Esa chica, Marna, está escribiendo ahora acerca de mí. Escribo acerca de este hombre. Lo veo que, como yo, está escribiendo y dibujando sobre un Libro vacío, repleto de musgo. Está sentado en una mesa, en lo alto de una Torre. Ante él, una sencilla puerta y el Picaporte que lleva a mi mundo. Por un momento, veo a este hombre con la túnica verde, como Hermes. En su camisa hay dos dragones entrelazados. Yo he descubierto la puerta subterránea, bajo las raíces. Él, una puerta en lo más alto, sobre las nubes. No hay límites para la imaginación. Son esas dos puertas, las puertas de la liberación. Todos los artistas tienen ese don. ¿Artistas, solamente? No. Todos los humanos. Pero casi nadie se atreve a aceptar la varita negra de los abismos. La varita celeste de los cielos. Ambas varitas se unen en el Cetro. Dos serpientes enroscadas. Dos dragones. Varita, picaporte, bastón. Viajeros de mundos. Brujas y magos. Los dos grandes ojos plateados de Araun. Dos grandes ojeras, parecidas a las mías, como si estuvieran esculpidas. Un Crepuscular, como yo. Vive en la frontera. Atardecer y las noches donde nos liberamos de las fronteras, donde uno puede encender un fuego y soñar, con libertad, y volar como el humo de la hoguera, lejos, a través de las estrellas, hacia otros firmamentos. Cuando era niña descubrí aquel pozo. Los años pasaron y terminé olvidándolo. Pero después de la caída en desgracia de mi padre, después de su muerte innombrable, que solo puedo escribir aquí, entre lágrimas, con ese grito que se desata entre mis dedos, me atreví a volver al Origen de todo. A aquella noche en que, aún, tenía la fuerza y el coraje de excavar y abrir lugares prohibidos. Encontré el pozo. Pero ahora estaba repleto de escombros. El bosquecillo de robles, completamente talado. La vieja casa ha sido completamente destruida y, en su lugar, ahora están construyendo una urbanización. Excavadoras, máquinas, en la oscuridad, como espectros, monstruos de metal que violan la nostalgia, los recuerdos, los sueños. La imaginación. Una linterna se pasea entre las montañas de tierra, bloques de hormigón, ladrillos. El ladrido de un perro. Se acercan los pasos. Camino hacia atrás, tropiezo con una de las piedras del pozo. Ruido. -¡Quien anda ahí! Salgo corriendo campo a través, ladrido de perros, la linterna se mueve a uno y otro lado. Por suerte soy buena corredora. Unas cuantas fintas y, poco después, me zambulló en el bosque que sigue el río y, del bosque, hacia la carretera donde he dejado mi motocicleta aparcada. Agarré la motocicleta, aún con el corazón bombeando con fuerza, arranqué, y me fui de allí a toda velocidad. Bajo el casco, las lágrimas corren por mis mejillas. Lágrimas que arden, llenas de ira, de rabia. De culpabilidad. Tuve que haber bajado las escaleras del pozo, cuando aún podía. Pero ahora… ya todo está perdido. Cuando llegué al piso de estudiantes, entré, con la cabeza gacha, y pasos rápidos, mis cabellos rubios pegados a mi cuerpo y un dolor de cabeza terrible. -¡Marna! Al final hice algunas croquetas. Si quieres… -Gracias. Pero no me encuentro bien. Creo que estoy resfriada. Su compañera de piso. Hacía dos años que vivían juntas. Se conocían muy bien. Sabía que aquel era “uno de aquellos días”, aunque, a decir verdad, era la primera vez que le veía el rostro tan desencajado. Frustración, tristeza. Marna es como un libro abierto. Prefirió no hacerle preguntas. Me encierro en mi santuario. Pinturas, cuadros, el olor a óleo, los dragones, las grandes montañas, los palacios en los bosques, las casas que cuelgan de los árboles. La espada que atraviesa el invisible velo. El músico que abre los corazones a otros Mundos. Y libros, un montón de libros que abarrotan las estanterías. Me sequé la cabeza con una toalla, agarré unas galletas de chocolate y, mientras tanto, encendí el ordenador. El ruido de la lluvia contra la ventana. Me puse dungeon synth, encendí la tablet y me puse a dibujar cualquier cosa. Lo primero que me viene a la cabeza. Prima materia. Un hombre, a solas en una cabaña. Está sentado junto al suelo, con dos grandes ojeras como las mías. No puede dormir. Piensa en el pasado, en sus viejas aventuras, en sus años de nómada. En aquellos inviernos terribles, en

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El agujero

Cuando me bajé del carruaje me encontré en medio de un campo repleto de hierba pero yermo, sin bosques, ni ríos, ni montañas. Quien ha jugado a legend of zelda: ocarina of time era parecido a aquel prado enorme de Hyrule. Cerré los ojos y agarré la piedra de mis mundos interiores que cuelga de mi pecho. Murmuré una invocación. No eran palabras. Solo sonidos de símbolos, runas, que pueblan mi mente. Invoco la cascada de imágenes, de visiones. ¡Ven a mi, soy tu receptáculo, tu instrumento! ¡Oh, diosa de la Imaginación! ¡Diosa de los ojos dorados, del eterno mediodía que da vida a los campos de mi interior! Campos de trigo. Un bosque, un robledal en el centro. Los grandes Árboles han crecido en solo una noche. Los seres diminutos han danzado en espiral, alrededor del robledal y los árboles han alcanzado los cielos, las nubes. Yo trepé el árbol. Estuve días trepando el árbol hasta que, por fin, muerto de hambre y de sed, llegué a la cima, a la copa repleta de nieve. Y allí, en la orilla de un lago entre las nubes, hay una barca pequeña que flota sobre las tormentas a nuestros pies. Sobre la barca hay una mujer vestida en una túnica blanca que le cubre todo el cuerpo. No puedo ver su rostro. Al subir, ella se sienta en el centro de la barca y empieza a tejer algo con la niebla, con los jirones de nubes que flotan a nuestro alrededor. Tejió un arpa. Y, cuando empezó a tocar, la barca se puso a flotar sobre el mar de nubes. La canción hincha la vela, como si fuera un viento. Un viento melódico. Y, entonces, se puso a cantar y fue esa la voz más bonita que he escuchado en mi vida. Cuando terminó de tocar, llegamos a un pequeño puerto. Hay más barcas amarradas en este lugar sobre las nubes. La mujer se levantó, sin decir nada. Y cuando bajé de la barca, escuché que volvía a tocar el arpa y la barca desapareció a través de las nubes. ¿Dónde me encuentro? Esas barcas… Un día, tu también tendrás tu propia barca. Pero aún no ha llegado el momento. En aquel mismo momento, Marna terminó de dibujar aquel extraño puerto entre las nubes. Un joven acaba de bajar de una de las barcas. Un joven de ojos grandes, plateados. Tristes. Pero su caminar es decidido, casi altivo. Con una larga espada en su espalda, sube las escaleras que llevan a la Gran Puerta de la Fortaleza de los cielos. En lo más alto de la escalinata, que conecta el Puerto con la Gran Puerta. Otro dibujo. El joven se detiene y observa las letras, en este alfabeto extraño. Pero entiende bien la palabra. “La Hermandad”. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sus ojos verdes, siempre abiertos de par en par en aquellas altas horas de la noche cuando todos duermen, atravesaron la ventana y se dirigieron al centro de aquel campo, allí donde se encuentra el pequeño santuario en ruinas, que su padre, arqueólogo, había decidido investigar. El santuario en el interior del pequeño robledal. Bajo el Santuario.Bajo el Santuario existe un lugar secreto.Un lugar que lleva tiempo sellado.Un lugar que ha pasado desapercibido. Pues pareciera que no tiene valor. Delante del santuario hay un lugar, un lugar… Escucho aquella voz en duermevela. Se sobresaltó. Se encontraba en aquella nueva habitación. Fría. Gélida. Por un momento no supe quien era. Me palpé el cuerpo, el rostro, con el corazón bombeando con fuerza. Me falta el aliento. ¡Quien soy! ¡Esta habitación, este cuerpo, estas manos! Estos ojos verdes, grandes, que me devuelven la mirada. Soy…soy… “Marna” Dije, para mis adentros. “Marna”, aquella identidad, el alma de aquella chica de 12 años, se ha introducido en este cuerpo. Sí, estos cabellos rubios, rizados, que me llegan a los glúteos. Esas dos terribles ojeras que parecen esculpidas y que seguramente ya las tendré de por vida. Mi mirada se dirige a la destartalada mesita de noche. Junto a las pastillas de dormir, el viejo reloj marca las dos de la noche. Me llevé la mano a la frente. Frustración. He dormido dos horas. Y sé que ya no podré volver a conciliar el sueño. Sin embargo, lo peor es el día siguiente. Me gusta la noche, pero los días…los días me arrastro como un espectro, esperando que vuelva la noche para volver a vagar en mis mundos, en mis dibujos, en mi arte. Me dirigí al altar del pequeño robledal. Sé que en este lugar nunca hubo estatuas de Dios alguno. Se lo comenté a mi padre. Él sigue mis visiones, mis dibujos, mis intuiciones. “Una roca en la que nadie ha reparado, de una vieja cultura que ha sido totalmente borrada de los anales de la historia”. Ocurrió hace seis meses. Fue en este periodo cuando empecé a tener aquellos sueños extraños. Lo primero que vi fue algo, o alguien, que penetra las profundidades. ¿Es una espada, una máquina, unas raíces? Cuando llegó al centro de la tierra, hubo una gran erupción, y las ruinas que habían sido enterradas en lo más profundo de la tierra, para que nunca nadie pudiera encontrarlas, salieron a la superficie. Ahora están desperdigadas en este mundo, y en muchos otros mundos. Otros Mundos… Marna llegó a los pies del altar, en el interior del sombrío bosquecito. Con su pie, pateó la superficie de la tierra. Sonaba hueco. Tal y como esperaba. Agarró una azada que había agarrado de la vieja caseta de herramientas y se puso a excavar aquel lugar. Acostumbrada a ayudar a su padre con las excavaciones, no le costó mucho hacer un buen agujero. Marna era una chica delgada, no parecía especialmente fuerte. Pero las apariencias engañan. Excavó hasta que, por fin, llegó a una superficie de madera que estaba podrida. Sin dudarlo un momento, fue hacia la caseta y volvió al cabo de poco con más herramientas de las que usaba

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