Serenidad.
Calma.
Los grillos.
La noche más profunda después de la tormenta.
Las estrellas parecen ahora más limpias, más puras.
Y el cometa se acerca. Veo su gran cola esmeralda que surca el cielo.
Es lo único que rompe este silencio, lo único que está en movimiento
junto a mi corazón. Porque el resto del universo se ha detenido. Y solo soy yo y el cometa
latiendo juntos en esta noche de Luna creciente.
Y se detuvo.
Sabía que tras el torii había alguien que podía verla.
Exactamente como en su pintura. Sí. Un hombre barbudo de grandes espaldas
la contempla desde detrás del torii. Va vestido con unas pieles gruesas repletas de espirales
tiene la pose de un guerrero, pero el aura de un mago. Sintió un escalofrío. Y no era fácil para ella sentir escalofríos, sí, ella, que se dedicaba a viajar a lugares encantados.
-¿Qué quieres de mí? – preguntó ella, sin girarse.
El viento sopla con fuerza a través del Portal de los dioses. Sabía que preguntaba en vano. Y sabía que, si se giraba, el hombre desaparecería. Por eso lo miraba a través del Espejo que ella misma había diseñado, con una de sus Runas.
Armada de paciencia y mirándolo en el espejo (a pesar de que su corazón estaba disparado) se sentó sobre la escalera que llevaba al torii y empezó a usar la lengua de Aniron, una vieja lengua de signos, dibujando las runas en el aire con los dedos. “¿Qué quieres de mí?”.
De pronto, en los labios del hombre se dibujo una leve sonrisa y sus ojos brillaron.
Y el hombre, con sus dedos, respondió.
“Una Soñadora. Siglos han pasado desde que vi una. Vaya, vaya. Así que es cierto”
“¿Qué es cierto?”
“Los Portales se están abriendo, por fin”
“¿Qué quieres de mí? No me respondiste”
“Esa debería ser mi pregunta” – se echó a reír – “Miraba a través del espejo de agua y apareciste en el reflejo”
-“¿El espejo de agua?”
-“Sí. Te estoy mirando a través del espejo de agua”
-“¿No estás en mi mundo?”
-“Todo es un solo Mundo. Solo existe la ilusión de que los mundos están separados. ¿Te suena?
-“Claro. Es el argumento de mi manga. Un solo mundo cayó del cielo y se rompió en infinitos pedazos. ¿Cómo conoces mi historia?”
“Porque somos parte de ella”.
La ventana del Dragón siempre aparece opaca. Así es para los que no conocen el secreto arcano. Una habitación de forma oval, pequeña, en lo más alto de la torre, y allí se encuentra la pequeña ventana. No existe nada más que la ventana y los pocos que han encontrado la torre y han subido a esa habitación, siempre se quedan plantados delante de la ventana sin saber qué hacer. Miran ese relieve de madera, un relieve espectacular, el dragón enroscado, pero que no se muerde la cola. No es un uroboros. El dragón está mirando hacia el centro de la ventana.
Ha habido magos de todo tipo que han intentado todo tipo de conjuros para “ver a través de la ventana” pero todo ha sido en vano. Incluso los magos más experimentados terminan dándose golpes en la cabeza contra la pared. Un golpe bajo para su hinchado ego. Lo que no saben es que lo que está tras la ventana solo puede ser revelado por un Soñador.
Un Soñador.
Cerré los ojos y coloqué ambas manos sobre el cristal. Sonreí. Empezar con una sonrisa siempre es esencial. Pero eso es algo personal. Veo el río que serpentea a través del bosque, a lo lejos, las montañas nevadas y el Valle donde se encuentra la ciudad de Palne. Fijé esa imagen en mi tercer ojo, la anclé, me concentré en ella y le dí todo lujo de detalles. El sonido de la brisa, el aroma de las flores y de las hojas, el trino de los pájaros, el correr del río. La lejana música del arpa que proviene del bosque. Y, mientras estaba imbuido en esta imagen, mi dedo índice empezó a dibujar las Runas combinadas que creaban un elegante dibujo: el nombre del Mundo. Y cuando terminé, la canté en voz alta y abrí los ojos.
Ante mí, el río que serpentea por el bosque, el valle de Palne, las lejanas montañas. Y ya no estoy en la Torre, ni hay ventana, y detrás de mí no hay más que un viejo Portal que pareciera que no lleva a ningún lugar. Volví a sonreír.
Y serpenteaba también aquella calle que se precipitaba sobre la ciudad, la gran Avenida del Dragón que lleva al Gran Palacio del Inmenso Árbol que nunca nadie ha podido ver en todo su esplendor, pues siempre está cubierto de nubes de color celeste.
“El Secreto está en la sombra, mírale la sombra y verás cuál es su verdadera forma.”
Ahora ella levantaba la lámpara hacia mí. Y había hecho exactamente lo que yo quería: había bajado sus defensas y, por un momento, el hechizo que usaba para controlar su sombra se había deshecho. Y ví su verdadera sombra: varias serpientes salen de su cuerpo y se dirigen hacia mí. Ella vio que me daba cuenta, sí, esas cosas se ven en menos de lo que tarda un parpadeo. En otros tiempos, cuando era más joven, hubiera esperado a ese parpadeo, habría dudado un segundo, quizá sorprendido por lo que veía, o quizá sin dar crédito a lo que acababa de descubrir. Y por eso había estado tan cerca de la muerte tantas veces. Y, también por eso, no dudé ni un instante. Saqué la espada y decapité todas las serpientes que se dirigían hacia mí. Y ella cayó al suelo, trató de gritar, los enormes colmillos, las manos en el cuello. Y yo le agarré sus cabellos negros y le levanté la cabeza.
Me miraba con un odio frío, de serpiente, inhumano.
Y, sin contemplaciones, le apuñalé la frente con el Puñal de Loth. Y una luz celeste le cubrió el cuerpo.
Otro espíritu.
Otra carta.