Impresionismo

Recuerdo cuando fui al Musée d’Orsay, repleto de pinturas impresionistas, escenas, instantes. Hay miradas de reojo, gestos, palabras que se quedan a medias, pensamientos, pipas, humo, niebla. Pero no hay una historia, no hay una narrativa, no son como esas grandes pinturas históricas y mitológicas, donde todo es parte de una narración, de una historia. En las pinturas impresionistas, en las estampas japonesas, en esos instantes que parecen latir con vida, que parecen decirnos cosas distintas cada vez que las miramos, no hay historias. Nosotros las imaginamos. ¿Hacia dónde se dirigen ese hombre y este niño? No lo sé. Pero no hace falta saberlo.