Silla
Terraza
Barcos
Navegan los barcos
Un puerto
Gaviotas
Se preparan
para zarpar.
¿Las gaviotas?
No, tonto.
Una gente.
Van y vienen de los barcos
una miríada de gente
de diferentes razas
pañuelos de colores
túnicas
barriles, jarrones
jaulas
animales
esclavos.
¿Esclavos?
Sí. ¿Qué tiene de extraño?
Estamos en guerra
deberían estar agradecidos
que no los matamos
ni los metimos en la cárcel.
Ahora, tendrán que servir y trabajar
para sus amos.
Un día, quizá, puedan ganarse
la libertad. Después de muchos
muchos años.
¿Quién habla?
Soy el gobernador de esta ciudad
En la silla, en la terraza
viendo como el Sol sale más allá
de este precioso mar celeste
mar de mares, mar de mil civilizaciones.
Alrededor, unos guardas esperan
estoicos, hipertérritos
ha llegado la expedición, fruto de
una nueva alianza
que ha hecho trontollar el status
quo.
Las dos ciudades-estado, Gren y Opol, las más poderosas del Mar de Allyn, van a sellar, oficialmente, la alianza esta tarde, con una gran cena ceremonial, intercambio de regalos y una posible, futura boda entre la hija pequeña del gobernador de Gren y el segundo hijo del duque de Opol. Los dos grandes potencias, que empezaron como dos pequeñas ciudades independientes, van a repartirse el continente que han descubierto. Después de la Guerra que ha durado medio siglo, los dos jóvenes gobernantes han decidido pasar página y repartirse el botín.
Después de la gran pompa, la copiosa cena, un gran baile en el Palacio de la Colina, litros y litros de vino, canciones, alguna que otra escaramuza, flirteos y risitas en los jardines, la expedición zarpó hacia el nuevo continente. Ambas potencias van a repartirse el nuevo pastel. En medio, el continente de Món, que lleva siglos aislado, gracias a sus nieblas, a su magia. Esta vez, sin embargo, nada ha funcionado. Se acabaron los tiempos de la superstición y del oscurantismo. Los Señores de los Bosques, de las colinas, valles y montañas, las Órdenes Mágicas, los Dioses y Espíritus, los templos, santuarios y las viejas runas. Todo fue desmantelado, de forma lenta, de forma exhaustiva. No hizo falta destruir nada. Esta es la vieja forma de hacer las cosas. Ahora, lo que se estila es la subversión. Sale mucho más barato que la guerra (que les den por culo a los mercaderes de armas) y todos salimos ganando, o eso les hacemos creer. Porque quien siempre sale ganando es el que subvierte. Nuestras ideas, nuestro pensamiento, cultura, religión, el idioma, y nuestra forma de comerciar. En todo, salimos beneficiados. Pero hacemos creer que ellos también se benefician.
¿Y qué os daban esos viejos chalados, esos druidas y magos? Cubre de dinero a una comunidad, y ésta dará la espalda hasta incluso a sus propias madres.
Pasaron varios siglos. El viejo continente de Món estaba irreconocible, al menos de forma externa y superficial. Los nuevos puertos, con la estilizada y redondeada arquitectura de los estados del mar del sur, los ríos repletos de barcos llenos de mercancías, un gran éxodo de jóvenes hacia las liberales ciudades de los puertos. Universidades, libros, la luz de la Razón brilla con fuerza. Una nueva era sin las viejas supersticiones, magia y espíritus. Liberados de las Órdenes.
El hombre de la túnica verde me acompaña por esas tierras ya prácticamente despobladas. Ya hace tiempo que dejamos uno de estos nuevos caminos por los que ya transcurren estos extraños vehículos de vapor de agua, de las granjas y de las minas y bosques hacia los diferentes puertos, repletos de madera, minerales y comida.
-Todavía no me has dicho tu nombre – dije.
-Llevo tiempo observándote. Caminas sin rumbo. Lo veo. Normalmente no me suelo fijar en lo que hace la gente. Pero un caminante sin rumbo…siempre me llama la atención.
Acababa de conocer a aquel hombre. Me había preguntado si me había perdido. Yo tuve que ser sincero. Le dije que sí. Le pedí que me llevara al pueblo más cercano, a un lugar donde hospedarme. Llevaba días al raso. No es que me moleste, llevo años acampando en diferentes sitios y casi toda una vida deambulando por el mundo. Pero allí podías pasarte días sin encontrarte a nadie. Es un continente enorme, pero vacío. O así, de momento, me ha parecido. Él sonrió y accedió a guiarme por aquel lugar salvaje, sin caminos, de bosques, valles estrechos. Y montañas cubiertas de nieve.
Como vi que no me decía su nombre, preferí no insistir. Hay gente que decide, por X razones, no dar su nombre. Y respeto esto.
-Me gusta visitar sitios olvidados. Me llama la atención que se sepa tan poco de Món, de antes de la colonización. He venido a recopilar historias.
-Historias – repitió el hombre – Muy pocos quedan, que recuerden las viejas historias de este lugar. Pero conozco un hombre. Un anciano. Mmh. Sí, él quizá aún recuerde.
-Estaría muy agradecido si pudieras llevarme a este hombre.
Él, en aquel momento, se detuvo, su cetro con las dos serpientes enroscadas. Sonrió, desde debajo de su capucha. Y dijo:
-Para eso estoy.
Cuando entré en la vieja cabaña, el anciano no se giró. Estaba sentado en un viejo balancín, delante de una bien alimentada chimenea. Sus ojos estaban inmersos en el fuego. No estaba siendo mal educado. Simplemente, no estaba allí.
Antes de entrar, el hombre de la túnica verde, con su espeso acento, me había advertido.
-Agyl no habla el Gardo. Es el único hombre del continente que no sabe hablarlo.
-No sabía que aún quedaban monolingües en la lengua de Erys.
-Él es el último.
En aquel momento, sin saberlo, mis ojos se encendieron. No pude evitarlo. El último monolingüe de Erys. Me parecía algo increíble, como sacado de un cuento de hadas.
-Haré de intérprete. Vamos – añadió, por última vez.
Me senté a su lado. Él aún no me ha visto. Sigue con los ojos clavados en el fuego, como si su alma estuviera más allá del fuego.
Entonces, dije:
-Agion. Edd issta los.*
Aquello lo devolvió a su cuerpo, a aquel lugar, como en un encantamiento. Parpadeó y me miró, entre sorprendido y asustado. Aquellos ojos…no ven, están ciegos. Pero me ve con otros ojos invisibles.
-Agion – me respondió, la voz trémula – Edd issta los. Yre far iss?
-Far imm Araun.
*Nota 1: Me he tomado la libertad de traducir, de forma algo libre, este primer diálogo. Pero como la lengua de Erys es radicalemente diferente a la nuestra, tendré que explicar el significado de varias palabras. En realidad, me encanta hablar sobre lenguas, así que si usted, lector, no está interesado en leer la explicación, le conmino a ir a la nota número 2, que es la traducción no-literal y corta.
Agion: Este término es intraducible. Pero más o menos viene a ser una expresión que significa “Armonía y paz que cubre todos los elementos”. Ambos interlocutores, al decir “Agion”, se reconocen inmersos en esta armonía que los va a acompañar durante la conversación. Agion es una vieja divinidad de Erys. Pero lo que son esas divinidades, ni la forma que tienen, aún no me ha sido revelado. Estoy descubriendo este mundo mientras escribo, como un aventurero.
Edd ista Los: Esta expresión de saludo mutuo se usa durante las noches despejadas, repletas de estrellas, de Luna Nueva. La lengua de Erys es una lengua que depende mucho de las condiciones del momento presente, del tiempo, de las estaciones, de los cambios. No es una lengua estática. Tiene una relación muy estrecha con la naturaleza viva y cambiante. La traducción de esta frase es, como Agion, intraducible. Pero más o menos viene a decir que Los, el firmamento estrellado, está brillando a través de ti. “El firmamento brilla a través de ti”, está brillando por ti. Eres parte de esta belleza.
Yre far iss?
Far imm Araun.
Estas dos frases son las más fáciles de traducir y son semejantes a la forma que el resto de humanos tienen de preguntar por nombres. “Cómo te bendijo el mundo?” – La diferencia es que aquí se pregunta, no por el nombre de familia (no existen los nombres de familia en Erys) sino por el nombre que le ha sido revelado. Nuestro protagonista responde “Araun”. Este no es su nombre de familia, sino el nombre que decidió adoptar más adelante, en su primer viaje al viejo continente del que aún no sé nada.
Nota 2: Esta es la traducción no-literal de este primer encuentro:
-Hola. Buenas noches.
-Hola. Buenas noches. ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Araun.
-Far imm Agyl – respondió el anciano. Una vez nos dimos nuestros nombres revelados, Agyl pareció relajarse, como si una losa muy pesada se hubiera, de repente, levantado de su espalda, de todo su ser. Se levantó, a duras penas, y se dirigió al hombre de la túnica verde. Y, por primera vez, escuché su nombre. Lo que sigue, es una traducción aproximada del Erys, entre ambos personajes. Araun, nuestro protagonista, tiene un nivel decente de este idioma, que le permite seguir las conversaciones simples, por eso lo que sigue, es lo que él entendió de ese intercambio.
-Erid. ¿Puedes prepararnos un té y algo para comer? Egerd te bendiga. El huésped es el Rey. Y más si sabe hablar Eryn.
Enrojecí ligeramente, pero no dije nada. El trato al huésped es algo extremadamente sagrado e importante en esta tierra. Se dice que, muy a menudo, los dioses se visten de viajeros y visitan a los hombres. Nunca se sabe a quién estás cobijando. “Trata al viajero como si fuera un Dios que ha venido de visita”. Erid, con movimientos pausados y fluídos, como en una ceremonia, como en un baile lento, colocó una tetera sobre el fuego y, luego, cortó varias rebanadas de pan sobre las cuáles untó mermelada. Sacó una pequeña mesa de un rincón y dos sillas, y lo colocó todo delante del fuego. Nos sentamos. Sin necesidad de decirlo, se notaba que el hombre llevaba tiempo ayudando al anciano. Sabía dónde se encontraban todas las cosas de la pequeña casa. ¿Es su criado? ¿Su amigo? ¿Se conocen desde hace tiempo?
Me detengo aquí y observo lo que he estado escribiendo estas últimas semanas. Nunca antes en mi vida he escrito con tanta libertad como ahora. Como se dice en inglés “I don’t hold back, anymore”. Ya no me detengo, ya no me reprimo.
Abro Portales hacia narrativas, historias, mitos, símbolos, que dejo abiertos. Luego, sigo por otros derroteros. Sigo añadiendo ingredientes a ese Caldero y removiendo el Mito de mi interior, sin saber qué va a salir de todo esto y como voy a unirlo todo, si es que necesito unirlo. Ya no estoy tan seguro. Pero lo que de cada vez queda más claro es algo, algo aterrador y excitante, al mismo tiempo. “Excitante”. En español es una palabra casi sexual. Exciting. Que cada uno de estos escritos es un Portal que puedo, lector, ofrecerte para que puedas seguir la historia tú mismo. ¿Te importa que te tutee? Solo tuteo a la gente que me cae bien. Cada escrito diario es un Portal que puede llevar a una infinidad de narrativas distintas. Y me doy permiso para hacerlo, para abrir esa caja de Pandora. Esa es mi forma de relatar mis mundos. De forma no-lineal.
Vuelve, lector, a esa innombrable cantidad de historias, de narrativas y exploralas, como si fuera una aventura. Y no sientas remordimientos en escribir tú las continuaciones que tú quieras. Adéntrate en la Espiral de mis mundos, sin miedo. Haz click en cualquier capítulo que quieras, entra en él, como quien entra en un nuevo mundo. Y verás que hay links que llevan a otros links, y de esos links a otros links. Portales, portales, portales. Agujero de conejo. Locura, placer, maraña, bosque, caldero. Magia.
Tengo miles de historias. Poco a poco, las iré colgando por aquí, las que más me apetecen.
Por ejemplo, observa la historia de Eryn. ¿Parece que la he planeado, no? Pues no. La he invocado, literalmente. Empecé invocando imágenes desde mi imaginación activa. Empezó todo con una silla que vi en mi terraza, y así empezó a cobrar forma el puerto de la ciudad:
Silla
Terraza
Barcos
Navegan los barcos
Un puerto
Gaviotas
Se preparan
para zarpar.
¿Las gaviotas?
No, tonto.
Una gente.
Van y vienen de los barcos
una miríada de gente
de diferentes razas
Y así esa historia me ha sido revelada. Los mundos de mi interior me son revelados de forma mágica. No tengo que hacer nada. Ni siquiera tengo un objetivo concreto. Tampoco me siento obligado de terminar nada, de continuar nada. Hago lo que me sale de las narices con lo que me está siendo revelado. No es esto para todos los públicos. No escribo para un público concreto. Solo escribo por necesidad. Por una necesidad imperiosa de expresar lo que tengo dentro.
¿Qué sucederá con Eryn? ¿Conseguirá recibir, Araun, las historias enterradas y olvidadas de este viejo continente? ¿Y quién es Araun? ¿Por qué Araun tiene un nombre revelado? ¿Cómo conoce Araun la lengua Eryn? ¿Puede aún estudiarse? ¿O la aprendió de forma secreta, de alguien? ¿Quizá también le fue revelada?
¿Y quién es el hombre de la túnica verde? Por supuesto lo conozco muy bien. Es una encarnación de Hermes, pero con tintes célticos, de divinidad de los bosques, verde. Todas las culturas tienen dioses-espíritus guía, que nos guían a los mundos secretos, al más allá, al mundo que, normalmente, permanece invisible. Psicopompo. Esta historia podría desarrollarse de infinidad de formas. Me encanta el juego de lo que es posible, me encanta añadirlo todo al Caldero y seguir removiendo y removiendo, el árbol fractal de infinidad de mundos que se unen, para crear el Gran Árbol del Universo, el Centro de todo, el Pilar por el que recorro los mundos en mi caballo de siete patas.