Europa
Hace tiempo que quiero leer algo interesante que no ha sido mancillado por la visión cristiana, semita, de oriente medio que, como un virus, se infiltró en Europa y poseyó a todos. Los bosques fueron arrasados, los santuarios silenciosos, sin estatuas, fueron quemados y monasterios, iglesias, cruces, santos, cristos y apóstoles fueron erigidos en esos lugares. Nada escrito queda, del mundo de antes de la Escritura, de antes del Libro. Incluso los cuentos de hadas, las leyendas, los mitos, han sido envenenados por la cruz. Los neo-paganos tampoco me interesan. No me interesan las excavaciones arqueológicas, ni los relatos de César. El virus romano, y el virus de la ilustración, más virus que acabaron con la multiplicidad de los espíritus de la Vieja Europa. El racionalismo no me interesa. Es una estupidez absoluta. Gente que cree que lo que ve es lo que existe, que lo que puede medirse con instrumentos humanos es la “Realidad”. Y no solo otra máscara más en este Mundo que Fluye.
Mundo de mundos que fluyen, los unos en los otros, constantemente. Soy de la creencia que solo a través de la Ficción, podremos recuperar lo que se perdió. Pero lo que se perdió no fue una religión, una secta, unos rituales mistéricos. No. Todo eso ha sobrevivido de formas distintas, en los ritos cristianos, en las festividades. No. Lo que se perdió fue un Mundo entero, el Mundo de Mundos donde cada vida es un Mito diferente. La magia de uno mismo que se despliega y hace el amor con otras magias y otros Mitos similares. La Ficción es algo que está vivo, que fluye constantemente, que inunda la costa de la conciencia, como una marea, para volver a bajar. Y cuando la marea baja, uno se da cuenta que todo ha germinado y lo que parecía el fin del mundo, era, en realidad, el Comienzo de uno Nuevo.
No se puede llegar a un nuevo mito sin las piedras, las rocas, las runas, los símbolos, de lo que ha sido, porque los mitos sólo sobreviven en las espaldas de los mitos de otros, inconsciente colectivo, mundos que se entrelazan, imágenes que entran en erupción, imparables. Durante dos milenios, todo fue reducido a la cruz, a una sola historia, a una sola narración, las viejas historias bíblicas, y Dios convertido en hombre-Cristo. Esta reducción ha empobrecido, ha metido en la miseria, el alma europea. Ha llegado la hora de narrar, de escribir, de imaginar, fuera de esta historia encorsetada, de este mito de hierro y de espinas, corona de espinas de un sufrimiento constante.
El hombre errante de la túnica verde, la joven de cabellos azules y ojos de Sol, la otra joven, de cabellos nocturnos, y ojos de fuego. El ciervo salvaje, el Señor del Bosque, el Árbol y la Torre, el niño y el Libro vacío, repleto de musgo, que contiene el germen de su propia Magia, los Viajeros de mundos, los Artistas que abren Puertas y descubren puentes y caminos. Las Cartas de las historias, el susurrador de Espíritus, la infinidad de Puertas, el corro y la danza, el tañir del arpa, los seres de tierra y de agua que danzan alrededor del Bosque de robles. La Isla de los cielos, que flota sobre las nubes y las barcas cuyas velas están hechas de niebla, de nubes, de tormenta. La espada que atraviesa el Velo que separa la Ficción de la Realidad. Las runas feéricas, unidas a las runas humanas. El Mundo donde no existe el mito ni la realidad: opuestos que se han unido. Si le preguntas a un habitante de este Mundo qué es una historia, no te sabría responder, pues las historias están vivas, en este mundo. La Imaginación tiene su expresión instantánea en los ojos de estas Razas. Los Seyr son seres hechos de Éter imaginativo. Todo lo que uno imagina y expresa, es plasmado y expresado en la Realidad.
Pero estamos lejos, muy lejos de esta vibración. Queda mucho trabajo por hacer. Poco a poco, los que Abren los Portales están despertando. La corriente lleva siglos, fluyendo bajo tierra, bajo la cruz, la media luna, el mandala.
Este es mi mito, es solo mío. Pero, a su vez, y esa es la paradoja, a través de mi mito, otros mitos van a salir a la luz. Y la unión de todos estos mitos harán nacer un nuevo mito de mitos y nadie sabe cómo será este Mundo. Poco a poco, iremos recordando. Porque la imaginación no es más que una recolección, recordar lo que fuimos, somos y seremos. Porque el tiempo, en los mitos, no existe.
Hubo una erupción. Y todo lo que estaba escondido y desterrado, ha sido devuelto a la superficie. Y ya no hay nada que pueda volver a enterrarlo. ¿O si? Hay que reconstruir, antes de que El Oscuro, el Escondido, vuelva a enterrarlo con sus garras afiladas de un desierto que no pertenece a Europa.
El parque de atracciones
Noche en el parque temático. El viejo parque temático. Abandonado. Me gusta venir aquí, pasearme entre las viejas y arruinadas atracciones. El resto de la gran ciudad, con sus rascacielos, efervescente de vida, de prisa, de miseria. De amor, de desgracia. Pero aquí no pasa el tiempo. Mancha negra en medio de la ciudad. Por aquí deambulan los desechos de la ciudad, los inadaptados, los que se han perdido y ya no desean más que seguir perdiéndose.
No me vais a creer, quizá. Pero he visto cosas extrañas, en este parte. Sombras, apariciones. ¿Son los recuerdos grabados en el inconsciente colectivo del parque? Escucho a veces voces de niños, aunque en el lugar es obvio que no hay niños. Escucho, a veces, un llanto, música de vodevil, como si viniera de las profundidades del océano. Pero aquella noche ví algo distinto. Bajo la luz de la luna, allí arriba, sobre los raíles de la oxidada montaña rusa. Una figura pequeña, diría incluso que diminuta. ¿Un niño? Camina por los raíles con ese paso de danza, dando pequeños saltitos. Pero lo más curioso es que, cuando intentaba mirar a aquella figura directamente, desaparecía. Exactamente como esas extrañas figuras del parque. Las veo de reojo. Quizá me estaré volviendo loco. No lo sé.
¿Me verán a mí también?
Sí, me ven. Definitivamente. Siento ese cosquilleo que uno siente cuando lo miran desde detrás. Aquí me siento observado. Pero hay algo distinto en esta figura que camina sobre los raíles. Está perdida, pero hay algo definitivamente sólido y real, en ella. No es que esas otras figuras sean menos reales, pero me da la impresión que pertenecen a otro plano. Pero la que está caminando sobre la montaña rusa. Esa figura pertenece a este mundo. Tiene ese aura que tenemos todos los que venimos aquí. Locos, mendigos, borrachos, divorciados, solitarios. Está buscando algo. Quizá.
La figura, con la facilidad con la que alguien salta sobre un pequeño charco, saltó hacia la atracción vecina: la cabina de una noria.
-¡Perdona! – grité – ¿Quién eres?
Como respuesta, todas las luces de la noria se encendieron, una música de vodevil empezó a sonar, y el mecanismo se puso a rodar, con el chirrido de no haber funcionado durante décadas. No sé por qué lo hice, pero tuve el impulso de sacar las cartas que yo mismo he creado: las cartas de mi mundo, de mi magia, de todo lo que la imaginación me está enseñando. Con esa música de feria de fondo, rebusqué en mis cartas.
Al fin, la encontré. Mis Cartas son espejos, portales. En ella, los que se han perdido se reflejan. Y en ellas, yo también me reflejo. Esperé a que la cabina donde se encontraba aquella diminuta figura pasara a ras de suelo. Y, cuando esto sucedió, me metí en ella.
He sentido una presencia. Estoy perdida, no sé dónde estoy. Un mundo extraño, monstruos, colores, música terrorífica. Se mueve este mecanismo. Da vueltas. Desde arriba, veo un firmamento que se mueve, entre edificios gigantes. Luces rojas y amarillas. No sé dónde estoy. Me he despertado aquí, en esa oscuridad, en este lugar. Sé que no es un sueño, porque nosotros no soñamos. No necesitamos dormir. Siempre estamos como en duermevela.
No, esto no puede estar pasando. Estoy…anclada en el mundo de los humanos. ¿Cómo ha sucedido? Me miro las manos, horrorizada. Se están haciendo sólidas, rocosas. Mi cuerpo, antes fluído, cambiante, se está anclando en una figura humana. Miro, con horror, el anclaje, y no puedo detenerlo.
Mis recuerdos se están diluyendo cuanto más sólida me estoy volviendo. Todo pareciera un sueño. Si, los que no soñamos. Ahora, mi vida parece como un largo sueño que temo olvidar, como suelen olvidarse los sueños.
Entonces, sentí una presencia. Una presencia a mi lado. Hay alguien aquí, en este mundo vacío, de sombras, de espectros. Hay alguien vivo que sabe que estoy aquí. Quizá es la única persona de este mundo que lo sabe. Pero no puedo verlo. Sin embargo, sobre el asiento del vagón, hay un objeto que puedo ver perfectamente, iluminado por la luz de la Luna.
¿Una carta? ¿Un espejo?
Curiosamente, fui capaz de verla a través de la carta. Ojos dorados, como dos soles apagados. En esa mirada se ha desvanecido la luz del mediodía. Ahora, solo existe la luz del crepúsculo.
Aquellos ojos plateados, grandes, tristes.
Lo reconocí. Pero no puedo recordar dónde. Él es un humano. Yo…
A través de la Carta-Espejo, empezamos a hablar.
-¿Eres…una Seyr? – pregunté.
Al principio, una duda revoloteó en sus bonitos ojos. Pero luego asintió, vehementemente, como si una cascada de memoria hubiera caído sobre ella. Y dijo:
-Mi hogar está en un bosque que existe, en este lugar. Aquí.
-¿Aquí? ¿Pero…Cómo has terminado en mi mundo?
-No lo sé. Aún no lo sé. ¿Y tú…cómo sabes hablar mi idioma?
-¿Tu…idioma?
Me quedé desencajado. De pronto, me di cuenta que, desde que había empezado a hablar con aquella joven, lo había estado haciendo en un idioma distinto al que uso habitualmente. Y lo más extraño es que nunca lo había estudiado. Pero lo conocía.
-He empezado a hablarlo. Pero no sé cómo lo aprendí.
-Solo sabemos que no sabemos nada.
Ambos sonrieron, cómplices. El amanecer se acerca. Y el cuerpo de ella empieza a hacerse más y más transparente. Lo mismo ocurre con el cuerpo de él. Ambos ven como el otro está desapareciendo, con los rayos del amanecer.
-Esa carta… yo también tengo mis cartas – dijo ella – Creo que por eso he venido aquí. Creo que por eso me he desanclado de mi mundo.
-¿Puedes enseñármelas?
-Claro que sí. ¿Nos las intercambiamos?
Pero cuando iban a intercambiarse las cartas, ambos desaparecieron en el interior de la Carta. Él en la carta de ella. Ella en la carta de él.
Las primeras dos cartas de un nuevo mundo. Las primeras dos cartas que cogieron forma, de su transparencia, del espejo que devuelve la imagen de quien mira, a dos figuras que se han enraizado, la esencia, la semilla de dos almas que se manifiestan en su infinita multiplicidad, en infinitos mundos, calidoscopio de encarnaciones y de mundos.
Observo la figura de la joven, esa leve sonrisa enigmática, los ojos dorados, que ya no son crepusculares, sino repletos de mediodía. ¿Podré invocarte? ¿Y tú? ¿Podrás invocarme? Invocarnos mutuamente. Espíritus, ángeles guardianes el uno del otro.
Amanece en el viejo parque de la infancia. Justo cuando mi vagón llegó a la altura del suelo, la noria se detuvo, las luces se apagaron. Los pájaros cantan, alegres, en esa bienvenida soledad, en ese vergel extraño, de máquinas oxidadas, de vegetación que ahora las invade, en medio de la locura de la inmensa ciudad.
Alucinado, salgo de esta historia y vuelvo a la Torre del Árbol, a la Torre que me conecta con la infinidad de mundos. Sobre el altar mágico de las historias, veo las diferentes cartas que he estado jugando. “El parque temático”, “El hada”, “el maestro de las cartas”, “invocación de espíritus”. Simplemente agarré la bolsa, como hago siempre, y, de ella, saqué cartas al azar. Y, mientras conectaban entre sí, un nuevo picaporte cogió forma, abrí la puerta y me zambullí en la historia.
Solo queda una carta que jugar, una historia que narrar, re-narrar, expandir, penetrar. Me pregunto si siempre tendré que volver a esta torre. No. No tienes por qué. Simplemente, es un sitio que es cómodo, ansia de tener un lugar, un hogar al que volver. Pero la torre se mueve, es una torre mágica. ¡Qué digo! No solamente se mueve. Se transforma en otros hogares. En la Imaginación todo es posible.
La Torre-Árbol no es más que otra Carta más que, de momento, me encanta jugar. No estoy atado a nada ni a nadie. Mis raíces se mueven. Árboles que se mueven, que caminan, como los Ents.
Pero volvamos a la última carta que aún no he jugado. Una de mis historias que escribí, hace ya un tiempo. Está en inglés. Se llama “The Blacksmith”.