Antes del Gran Anclaje del Materialismo, que sucedió alrededor del siglo XVIII pero cuyo comienzo ya se perfilaba a finales de la Edad Media, los seres humanos, como colectivo, tenían una relación con los Mundos de los Seyr mucho más cercana e íntima, para bien y para mal. Las apariciones de seres feéricos y las siempre extrañas y contradictorias relaciones con ellos, eran tan comunes, que podríamos hablar de una relación cotidiana. En las casas, era muy común tener una especie de familiar, ancestro o espíritu, que cuidaba del hogar y lo protegía. Estos seres eran “heredados” de generación en generación, y nadie se extrañaba de esta ocurrencia, quiero decir, que si le contabas a tu vecino que tenías a un Familiar viviendo en tu casa, no hubiera ni alzado las cejas. Lo mismo ocurría con los raptos de hadas, apariciones, relaciones íntimas con ellas, ya fueran positivas o negativas. El hecho de que existían una serie de leyes no escritas para advertir y recomendar sobre una serie de cosas que debías o no debías hacer en presencia de los Seyr, si te encontrabas con uno, no puede atribuirse a una fantástica imaginación de la gente. Y soy tan categórico porque es imposible que todo esto fuera una compleja madeja de historias que se inventaba la gente del campo, que apenas tenía tiempo para inventarse historias de la nada. Los cuentos, las historias, que, de generación en generación, la gente se contaba después de un arduo día de trabajo, estaban todas enraizadas en la realidad, en vivencias, en experiencias. A veces hablaban de hechos que pertenecían al pasado de aquella región, hechos que efectivamente se mezclaban con los cuentos tradicionales, y muchas otras veces se referían a la relación cotidiana y siempre contradictoria que tenían con los Seyr. Pero si incluso nos ponemos el sombrero de incrédulo y pensamos que todo, absolutamente todo, es una invención, entonces queda la cuestión. ¿De dónde viene la imaginación? ¿De dónde vienen las historias? ¿Las ideas? Nada puede crearse a partir de la nada.
Cojamos por ejemplo las historias que están viniendo a mí. La última historia, que cuenta la historia de un hombre que visita a una Anciana y le revela su naturaleza de soñador y la profecía de la espada de los dos filos y la construcción de su carruaje mágico. Esta historia no está preparada ni en lo más mínimo. No pensé: “voy a hacer que una anciana le hable a este hombre y le diga esto, eso y aquello”. No. Lo que pasó fue lo siguiente: tengo una visión recurrente de un hombre con un carruaje mágico, que viaja entre los lugares sagrados del mundo. No sabía qué haría con esa visión. Entonces, el “personaje” (lo llamaré así, de momento) de la túnica verde tuvo un momento de reflexión y empezó a recordar cómo empezó a construir el carruaje. Y unos recuerdos que yo no tenía planeados empezaron a coger forma, y me vino la visión de la conversación con la anciana, sus revelaciones, su inminente muerte, su profecía. Todo esto vino a mí. Es un hecho empírico. La historia existe. Yo solo abrí una puerta y entré en ella. Es la única explicación que tiene. Y eso se aplica a todo lo que llamamos “ficción”.
Pero. ¿Por qué os digo esto?
Os digo esto porque, al anclarnos en el materialismo, lo que habitualmente éramos capaces de experimentar en el mundo externo, ya apenas lo experimentamos. Hechos, de algún modo, exorcizado nuestro mundo occidental de sus espíritus, bajo los rayos del dios semítico, cuyos rayos intensos cayeron sobre todos los rincones, exiliando sus sombras, sus espíritus, sus dioses. Los Seyr tuvieron que huir bajo las colinas, en el interior de los bosques, en las cuevas, bajo tierra, en ciudades secretas. Bajo las raíces de los grandes árboles. O en las montañas y valles más remotos.
Una inmensa cantidad de Portales fueron cerrados, clausurados, los Portales por los que antaño existía una relación con los Seyr. La iglesia envió ejércitos de monjes y curas en los bosques, con sus hábitos semíticos, ajenos a este continente, y echaron a los druidas de su interior, entre plegarias y espadas.
Los Portales fueron cerrados y la gran mayoría de gente perdió el contacto directo con los Seyr. Eso tuvo consecuencias desastrosas para la mente humana, que descendió en una espiral de neurosis y de vacío existencial que ahora, en el siglo XXI, se encuentra en su estado más álgido. Pero, con esa gran crisis, aparecieron los Soñadores. Siempre han existido. Son los artistas, los cuenta-cuentos, los escritores. Los músicos. También los magos, las brujas. Todos los que tienen una relación con los mundos invisibles que ellos se dedican a expresar. No es por casualidad que, justo en esa crisis existencial, en esa clausura de los Portales, la narrativa fantástica empezara a florecer, y que los viejos cuentos y mitologías, abandonados por el materialismo y positivismo, y por el cristianismo, volvieran a resurgir, con una fuerza literaria que nunca habían tenido. Tampoco es casualidad la explosión que hemos vivido, desde el siglo XIX, de lo esotérico y de lo paranormal. Pero toda esta explosión imaginativa ha sido, en la mayor parte, introvertida. El mundo exterior sigue anclado en el materialismo, como si la gente misma fueran los ancladores. No basta un puñado de soñadores para desanclar a toda una sociedad. La conexión con los Seyr, entonces, se ha vuelto una conexión íntima, interior. Mundos interiores que luego, los soñadores, expresan con sus artes, para que otra gente también explore su relación con los Seyr. Su relación íntima con ellos.
Una gran paradoja se está produciendo. Si bien es cierto que, en el exterior, vivimos inmersos en un mundo sólido y material, que ha decidido dar la espalda a los Seyr, en el interior las cosas han ido por otros derroteros. La conexión con esos mundos paralelos se ha intensificado y se ha vuelto personal e íntima. Mitos propios. La creación de mitos propios. Tolkien fue uno de los grandes pioneros de esa nueva relación con los Mundos de los Seyr, con su gran mitología propia. Carl Jung decía que cada uno tenemos nuestro propio mito interior, y que el inconsciente, antaño proyectado en imágenes externas, ahora es proyectado hacia dentro, de forma introvertida. Lo que antaño era una relación colectiva con los mundos de los Seyr, ahora se ha convertido en una relación íntima, individualizada, con ellos.
Los Seyr han encontrado la manera, y nosotros también, de seguir unidos, pero desde el interior de visiones y sueños. El materialismo y el positivismo desterró esta relación hacia el interior y eso, gran paradoja, ha permitido que tengamos, los soñadores, una relación más profunda y personal con los Seyr, que antaño fue colectiva e impersonal.
Pero, como ya he narrado en “la Anciana”, hay un grupo de Seres que no quieren que eso se produzca. Seres parasitarios que se alimentan del Miedo primordial de la gente. Si la gente es capaz de Soñar y de abrir Portales a otros mundos, los mundos de cada vez se harán más y más fluidos. Estos Seres quieren aislar los mundos para poder cosechar Almas de las que se alimentan. Las almas libres, que se mueven entre mundos, no interesan. Ellos, estos seres parasitarios, no son capaces de imaginar nada ni de crear nada. Por eso están intentando destruir la imaginación con todo tipo de artimañas. Redes sociales, aislamiento, guerras, realidad virtual, entretenimiento masivo (alejados de los libros y de las reflexiones personales). Incluso la fantasía y los cuentos de hadas se han masificado y se han vuelto productos, se han vaciado de sus profundos significados, y ahora no son más que conchas vacías.
Estos Seres no son capaces de crear e imaginar. Pero son expertos en Subvertir. La subversión es su especialidad. Y la desmoralización. Subvierten todo lo que es significativo y profundo, y lo convierten en productos para hacer dinero. O para avanzar sus agendas políticas e ideológicas. Tengo total confianza en mi imaginación activa, porque la imaginación activa tiene sus raíces en el inconsciente. El 99% de las cosas invisibles no pasan desapercibidas por el inconsciente. Luego, a través del filtro de nuestro ego, damos forma, vestidos y máscaras a esos contenidos misteriosos. Cuando pregunto quiénes son esos Seres a mi imaginación activa, me viene una respuesta inquietante. No son Seres de otros planetas ni de otros mundos. Están aquí y han estado aquí desde siempre. Tanto los humanos como los seyr pueden caer en sus redes y convertirse en sus lacayos, siervos, engrosar sus filas. Mirduk es el primer nombre que me vino al pensar en estos seres. Lamat es otro de sus nombres. Es muy tentador ponerle una careta, una máscara, a los lamat, al mirduk, o como queramos llamarlos. Es muy fácil, también, decir que son malvados, que nosotros somos los buenos, y ellos los malos, cayendo en el dualismo. No son malos. Son necesarios. Todos tenemos una parte de Mirduk en nuestro interior, todos tenemos un parásito, un vampiro, un subversor, en el interior.
En el escrito de la Anciana queda patente esa paradoja con el símbolo de la Espada que usa Mirduk para atrapar los Sueños, la Imaginación, de los Soñadores. Porque esa es la misma Espada, la única espada que existe, que podrá abrir Los Portales. El Mirduk, sin sospecharlo, está jugando un papel esencial en este “drama”. Los soñadores no existirían sin el Mirduk. Podríamos debatir acerca de los Días Luminosos, cuando todos los Mundos estaban unidos, cuando no existían las fronteras entre los mundos. ¿Ha existido realmente, este mundo, o es algo que pertenece a…? Me interrumpo a mí mismo. Si lo podemos imaginar, ha existido. En otro plano, en otra era, en otra realidad, pero ha existido. Todo existe en el Ahora. Lo único que hacemos es Recordar, Revivir lo que olvidamos. Si lo supiéramos todo, no valdría la pena vivir. El tiempo y el espacio son dos ilusiones creadas por el ser humano para tener un cierto control sobre una realidad que nos aparece cíclica, de constante renacimiento, de eterno retorno. Pero, a la vez, existen las sincronicidades atemporales, efectos desligados de la cadena de la causa objetiva, coincidencias significantes para quien las vive, directamente relacionadas con su experiencia vital. Eso rompe la cadena del eterno retorno. El ser humano es, en ese sentido, anti-natural. Los Seyr, también. Tanto los Seyr como los Humanos son dos caras de la misma moneda, el universo tomando conciencia de sí mismo, quizá por primera vez. Génesis. ¿Existió el mundo antes del nacimiento de la conciencia? No estoy seguro. Hay muchas contradicciones en la Imaginación activa. Contradicciones. Paradojas. Antes he dicho que confío plenamente en mi imaginación activa, y lo hago, pero no por eso está exenta de contradicciones. Yo solo puedo expresar lo que, en cada momento, veo en mis visiones. Mis visiones están plagadas de contradicciones y de paradojas porque es así como se expresa el inconsciente, que está íntimamente ligado a la imaginación.
Una Espiral que siempre vuelve al mismo lugar y tiempo pero, a la vez, nunca es el mismo. Un eterno retorno sincrónico, atemporal, no espacial. Realidades y mundos que se interconectan, que fluyen entre ellos, que hacen el amor, que se despliegan reflejados los unos en los otros. En mis historias constantemente aparecen personajes y situaciones que parecen autorreferentes, continuamente vuelvo a ellos y los expando en diferentes direcciones, como un calidoscopio. Mis historias no viven en una realidad lineal. Viven conmigo, en una realidad atemporal, fuera del espacio. No hay una separación, una frontera clara entre mi vida y mis historias, entre mis experiencias y las de mis personajes. Pero es así con todos los creadores y artistas del mundo. Estamos íntimamente conectados a las historias que contamos, porque son mundos reales, que vemos y que expresamos y filtramos lo mejor que podemos con nuestras habilidades artísticas. Estos mundos siguen ejerciendo una gran influencia sobre nuestras vidas, una influencia sutil, invisible, pero real y muy significativa. El secreto de por qué nos vemos atraídos por ciertas cosas y no por otras, es esa conexión natural que tenemos hacia ciertos mundos a los que estamos conectados. Hay un diálogo constante entre esos mundos interiores y nuestra realidad objetiva, entre el inconsciente y la consciencia. Entre Imaginación y realidad. Por eso la forma más natural que tiene el ser humano de expresarse, cuando está libre de las ataduras de la razón y la sinrazón, es ese diálogo místico, extraño, visionario, que nos une a los Seyr, los seres con los que compartimos Espíritu. Se podrían escribir cientos de libros acerca de los Seyr y de nuestra relación con ellos. ¿Son hadas, arquetipos del inconsciente, invenciones humanas, pensamientos con alma, seres de otras realidades, fragmentos de sueños, dioses, elementales, proyecciones psicológicas, ánima, ánimus, sombras, producto de la sub-creación? ¿Tulpas, homúnculos, invocaciones, ángeles, demonios? ¿Reinos paralelos, una raza superior que existe entre el cielo y la tierra? ¿Agartha, el mundo perdido? ¿Tir nan Óg? ¿Valinor? ¿La vieja raza de los elfos, una noble raza que enseñó todas las artes y la magia a los seres humanos? ¿Tuatha de Danann? Los señores de las colinas, de los bosques. Arturo y sus caballeros que esperan, en el interior de la colina, a que vuelvan los Tiempos en que vuelvan a ser necesarios? El Retorno del Rey.
¿Y Merlín? ¿Dónde está Merlín? Gandalf, Taliesin, Wainamoinen. El viejo mago errante, con su báculo, portador de terribles noticias (terribles desde el punto de vista del ego que rechaza tener que salir de su zona de confort, luz hacia oscuridad), profeta, guía hacia Tesoros y Dragones. Y anillos. El que abre el Camino. El Guía de los Soñadores. La Torre. La torre que se mueve. Una Torre que te espía, en las noches de luna nueva, con sus luces celestes. De vez en cuando la han visto, se dice, en diferentes lugares del mundo, en lugares sagrados. Se dice que este mago secuestra niños, que se los come, que hace pociones con su carne, en su Caldero. Se cuentan terribles historias de él. Pero también se cuenta que es un sabio que viene a iluminar el camino que aún no existe. No. Él no va delante, él no es un guía al uso. Él te da una linterna y te dice: en esa linterna encenderás tu propio fuego, y será ese fuego, tu fuego, que abrirá el Camino que solo tú conoces. ¿Son todos los rumores ciertos, incluso los más oscuros y terribles? ¿Si todas las historias son ciertas, qué pasa con los rumores injustos? ¿Injustos para quién? Si aparece en las mentes, es porque hay algo de verdad en esos rumores, en esas imaginaciones. No entraremos a juzgar si es cierto que el mago se come a los niños y los mete en un Caldero. Se dice lo mismo de las brujas. Pero…¿No son las iniciaciones, el viaje hacia lo desconocido, una especie de muerte? ¿No son las iniciaciones terroríficas, llenas de pruebas de coraje, de luchas contra los monstruos que pueblan esos mundos del interior? Proyectamos esa desazón, ese miedo, en los hombres y mujeres que nos guían, que nos abren la Puerta hacia la aventura. “Es culpa tuya. Nunca quise salir de los jardines de mi infancia, de mi Bosque Kokiri particular, de los pequeños seres verdes, del eterno juego. Quiero volver a ser un niño. ¡Quiero regresar!”. El niño tiene la sensación de que se lo van a comer.
Cuando vino la hora de nacer, yo no quería nacer. Me revolvía en el útero. Si hubiera tenido dientes, hubiera mordido al médico en la mano. Luché por no nacer, por permanecer en el interior de la cueva, en el líquido amniótico del olvido, del todo, de la Eternidad. Me forzaron. Le abrieron el vientre a mi madre y me arrancaron de ella. ¿No hay algo de egoísmo en ello? Sí, sé que un bebé no tiene la capacidad para ser egoísta. Pero ese impulso inconsciente que tuve sí me parece egoísta. Ya había decidido nacer…¿O decidieron por mí? Sea como sea, mi madre ya se encontraba allí y era preciso nacer para no dañarla. Pero me resistí a nacer, a salir al mundo. En la edad media, mi madre hubiera muerto. Gracias a la medicina y al progreso, del que soy tan cínico, salvaron a mi madre y yo pude nacer sin complicaciones. Regresión a la infancia, al estado de juego constante, sin responsabilidades, protegido, la cueva, el onsen, el agua hirviendo, paz, tranquilidad, se mecen los árboles de cerezo, los pinos, en la noche japonesa. Hierve el agua pero estoy fuera, en medio del bosque. Me gusta estar en las aguas de este manantial hirviente, pero, a la vez, me encanta estar abierto, el corazón abierto al manto de estrellas, a la eternidad. Regresé a la infancia pero ya no había más que ruinas. Pero está bien. Uno puede volver, pero uno no vuelve a las cosas en círculo, sino en espiral. No existe el retorno, para los humanos, ni para los seyr. Existe una vuelta que sube, en Espiral, hacia el deseo mudo, fuego, quintaesencia, erupción, del querer unirse con las estrellas, los planetas. Con los árboles, las piedras y los pájaros. El Sol y la Luna. Ya no deseo el útero. Ya no deseo la cueva, la tumba, el alcohol, el porno. Tu amor, tu aceptación. Abro el corazón hacia los mundos que se expanden, hacia los Otros Soñadores que, como yo, una vez quisieron regresar al Orígen pero que ahora, quizá, sienten lo mismo que yo. Un latido conjunto, de corazones diferentes, pero que son capaces de latir al mismo ritmo, cuando quieren, cuando lo desean. Sin ataduras. Sin leyes.
Cada uno debe, ahora, crear su propio Mito, su propio Camino. Los mitos se entrelazan, se expanden, juntos, se reflejan entre ellos. Y así nos reflejamos, los soñadores, los unos a los otros, mientras la Piedra filosofal de cada uno de nosotros se va refinando y refinando.
El mito de uno mismo.
Acabo de plantar la torre en este claro. Hace poco que construí ese carruaje y que llevo mi torre a cuestas. Hace muy poco que acepté esa linterna que llevo colgando de mi carruaje, y que ilumina un Camino que hago yo, a solas, un camino que solo es mío. Me desdoblo desde esta casa de Mallorca, donde escribo, con rapidez, febril, en mi teclado, hacia ese claro, hacia el cuerpo de este mago. Crece la torre como un árbol feérico, en cuestión de una sola noche. Lo he regado con la esencia que me diste, de tus ojos, en ese botellín dorado. Aún lo conservo. El líquido nunca se termina. La torre es diminuta pero, cuando la riego con la esencia de tus ojos, me entran ganas de danzar. Y, a mi alrededor, vienen los Seyr, bailan en corro, una vieja danza, violines y flautas. Y el árbol crece como animado por la danza, como esa escena de Mi Vecino Totoro, en que las dos niñas y ese extraño conejo gigante danzan alrededor del árbol, que crece y crece al ritmo de sus manos y de sus gestos. Al fondo, su padre sigue escribiendo y editando, inmerso en su mundo, mientras que en el Ahora, en la Realidad que para él es anodina y mediocre, se está obrando el milagro.