El diario de marna

Cuando encontré el lugar adecuado, con mi péndulo, supe que ese era mi lugar. Un claro en el bosque, un círculo de piedras. Entré en el centro. Allí la tierra estaba ligeramente mojada. ¿Un antiguo manantial? Pensé en el Guía, con una sonrisa. Me pregunto qué habrá sido de él. Y de Mireia. Y de los demás. Desaparecí. Sí, creo que fue por un desamor, pero me desanclé con tanta pasión, que los recuerdos ahora son neblinosos, como intentando recordar un sueño del que solo quedan jirones, imagenes sueltas. Lo único tangible que aún me quedaba era aquel botellín con aquel líquido dorado. Sin pensarlo dos veces, rocié aquel círculo del centro del claro con el líquido dorado.

Esperé. Esperé horas, días, semanas. Pero no ocurrió nada. No sé qué esperaba que ocurriría, en realidad. ¿Que algo creciera de aquel líquido? ¿Quizá un manantial? ¿Un árbol? ¿Una torre?


El líquido, poco a poco, se filtra hacia el interior de la tierra, en las entrañas, en las cuevas, en los laberintos secretos que unen los mundos, las raíces que conectan las historias.

Y empieza a caer, gota a gota. Basta una sola gota para que todo brote con fuerza, con violencia.

Gota a gota…


Querido diario,

Hoy el profesor me ha vuelto a reñir, porque me ha pillado dibujando, en vez de leyendo el texto de ese aburrido libro que nos hacen leer. Ha intentado coger el dibujo, arrebatármelo, pero yo me lo he escondido en un bolsillo de mi falda. Creo que lo he mirado con un poco demasiado de rabia. Soy un poco impulsiva, quizá. Puede ser. Pero soy así. ¿Qué le vamos a hacer? Ha sucedido de repente, como una erupción. O una cascada, no lo sé. De repente he visto, en mi Ojo Invisible, un joven mago que rociaba con una extraña botellita, un lugar en el centro del bosque. Lleva una túnica verde, cabellos negros, ojos plateados. Es atractivo, o, bueno, a mí me lo parece. Mis amigas quizá no se fijarían en él: es delgado, tiene ojeras, anda con la mirada en el suelo, algo encorvado. Pero él no solía ser así, antiguamente. Algo le pesa, como una losa. Como una piedra en su espalda. Con rapidez, me he puesto a dibujar un cómic. Viñeta a viñeta, la historia de este chico ha empezado a coger forma. He estado dibujando durante ocho horas seguidas. No he cenado. Mis padres se han enfadado. No entienden el arte, no, no me entienden ni me entenderán. Son las tres de la mañana y el colegio empieza a las siete. Un segundo, voy a…

¡Ya estoy de vuelta! He dibujado un rápido autorretrato. En él, aparezco yo escribiendo este diario y, a un lado, una pila de papeles con los sketches, con el cómic. Yo también tengo dos grandes ojeras, como ese chico. También camino siempre mirando al suelo, algo encorvada. ¿Y si simplemente estoy proyectándome en este personaje? Self-insert masculino? Magos, brujas, dragones, castillos, Tolkien, dragones y mazmorras, Zelda, Skyrim, la playstation, cartas de Magic. Figuritas de warhammer. Mi habitación aparece tras mi autorretrato. Tengo la sensación que el joven mago, ahora mismo, está escribiendo sobre mí. Él es escritor, no es dibujante. Cada uno tenemos nuestras habilidades. Es mi forma que tengo de presentarme a él.

Creo que me estoy volviendo loca. Pero bueno. A los seis años me llevaron al psicólogo, porque apenas hablaba. En la escuela los compañeros me decían que estaba loca, pero a mi me daba igual. Luego, más adelante, encontré mi grupito de amigos tan locos como yo y ya dejé de interesarme y de escuchar aquellos rumores. Creo que aún existen, esos rumores, pero no dejo que me afecten. ¿Dónde empieza, exactamente, la locura? ¿Qué diferencia a un loco de un cuerdo? Mañana por la noche hemos quedado, en la casa abandonada, para jugar a rol. El Señor de los Anillos. Mierda. Soy la “Dungeon Master” y aún tengo que terminar de preparar la partida de mañana y son las tres. Nah. La prepararé durante las clases. No quiero que te pienses que soy una repelente, pero lo tengo que decir: siempre termino mi trabajo antes que los demás y me aburro en clase. Pero no es que sea más inteligente. Simplemente, llevo leyendo casi desde la cuna. Vivo rodeada de libros. En mi casa todo es acerca de libros. Mis padres regentan una librería. ¿Sabes? Espero que no te importe si te tuteo.

He estado dibujándote. Esa botellita dorada. ¿De dónde la has sacado? ¿Para qué sirve? ¿Quién te la dio? Tengo la sensación que tú mismo recogiste ese líquido de algún sitio. No sé por qué. En mi cómic aparecen unos recuerdos neblinosos, tuyos. Te introduces en una cueva y has metido la espada en una vena invisible, del interior de la tierra. Y de allí brotó ese líquido dorado, o rojo. No estoy segura. Pero cuando has vaciado la botella sobre el claro no ha pasado nada. O eso es lo que tú crees. Porque ese líquido tiene una magia especial. Gracias a ese líquido te he visto, a través de los velos que esconden los Mundos. ¿Es un líquido que pasa de generación a generación, de magos a magos? Quizá, quizá. No lo sé.


Querido diario,

Hoy no me he podido concentrar en la partida de rol. He creado, como siempre, una partida, he sido dungeon master, pero mi cabeza estaba en otro sitio. Al llegar a casa, he vuelto a dibujar y he visto que te habías construído un carruaje, con tus propias manos, tirado por dos caballos. Son dos caballos que las hadas te regalaron. De hecho, las hadas también te han ayudado a construir el carruaje. Todo mago tiene que construirse su medio de transporte, su hogar, su propio Centro del Mundo. Un centro que se mueve pero que está detenido. Paradoja. No sé ni qué estoy diciendo.

Necesito dormir. Estoy cansada,
Marna.


Querido Araun,

He decidido llamarte Araun. No sé si realmente ese es tu nombre, pero por conveniencia, voy a llamarte así, a partir de ahora. Sé que te gustan las leyendas, como a mí. Seguro que conoces a Arawn, el rey del inframundo en el Mabinogion, un libro de recopilación de leyendas galesas. No tengo el libro a mano, ahora, por lo que no puedo citar palabra por palabra, quién es Arawn, sus hechos, sus hazañas, su mito. Es un Dios, un Rey del Otro Mundo. A mí, personalmente, en mi imaginación, se me aparece como un hombre misterioso del bosque, con una túnica verde. A veces aparece con la forma de un ciervo macho, con una gran cornamenta. A tí a veces te veo con esa forma. ¿Es quizá tu Dios-guía, el espíritu más cercano a ti?

Yo soy Marna, encantada.

He decidido que quiero hacer mi propio cómic. He decidido publicar mis dibujos. Estoy cansada de dibujar sketches. Me pregunto si a tí te está pasando lo mismo, con tus escritos.

Últimamente una imagen viene a mí, una y otra vez. Es el de un espíritu alado, femenino, un hada de esas diminutas con alas. Lleva una gran llave en sus dos manos. La llave pesa más que ella, pero ella la lleva en sus brazos, sin ningún problema. Tras ella hay un portal diminuto. Es tan pequeño, que pasa desapercibido para todo el mundo. Es totalmente insignificante. Está a la vista de todos y, sin embargo, nadie lo ve. El hada está triste y solitaria, esperando que alguien, por fin, se fije en ella, esperando a alguien a quien, por fin, pueda entregarle la llave.

Después de varios meses, he vuelto a Instagram. No, no me mires así, con esa sonrisa sarcástica. Odio las redes sociales. Pero, en algún sitio tendré que publicar mis dibujos y pinturas. ¿No? Las galerías de arte están todas controladas por elitistas que solo cuelgan pinturas contemporáneas, rayajos, botes de pintura sobre el lienzo. El dadaísmo, esa broma de mal gusto que en los años 20 del siglo pasado era fascinante. Esa broma ya dura demasiado. Ya no me hace gracia. Sí, ahora instagram está lleno de mierda hecha con inteligencia artificial. Todo internet lo está. Lo mismo con música, escritura. ¿Qué opinas sobre la inteligencia artificial? Me pregunto si tu y yo vivimos en el mismo plano. Yo quiero creer que sí. Estoy cansada de escapar a otros mundos. Me gusta hablar de este mundo, empezar aquí, en el presente, y luego, cuando quiera, abrir un Portal, el Portal de las hadas, y desaparecer por un tiempo. Me gusta tener un hogar. La gente que escapa, que huye, no suelen ser buenos artistas, o eso es lo que yo creo. Para crear algo bonito, hay que tener raíces, estar anclado en el presente. ¿Sí? Hay sitios maravillosos en este mundo. Solo hay que tener ojos para verlo. Y casi todos estamos ciegos. Como esa puertecita de las hadas que, quizá, solo los niños y los locos (como nosotros) somos capaces de ver.

La inteligencia artificial solo es un efecto, una consecuencia, de la mediocridad de este mundo. Es como una manifestación de la psyché colectiva. Últimamente leo mucho a Jung, quizá demasiado. Una chica de mi edad no debería leer tanto. ¿No crees? Debería estar viendo Netflix, en vez de intentar entender Mysterium Coniunctionis a las 2 de la mañana, entre dibujo y dibujo. ¿Que cuál es mi edad? No te lo voy a decir. Eso no se pregunta a una chica. Aún voy al colegio. Como ves, voy saltando de tema en tema. Tengo déficit de atención. Culpa de Instagram, de tiktok y de todas estas cosas. La nueva generación tenemos la atención de un pez. Bueno, vaya bobada de metáfora. Un pez no tiene atención, por supuesto. En fin. ¿Por qué te hablaba de Jung? Oh, sí. La inteligencia artificial. Es una manifestación de la psyché colectiva. Todos pretenden ser artistas, la democratización masiva del arte en las redes y en el mundo, ha llevado a manifestar un arte sin alma, que es ya lo que existía antes. Las máquinas crean ahora un arte de masas. Y el artista ahora tiene que volver a ganarse el pan, con la autenticidad que una máquina no puede replicar. La llegada de la fotografía hizo que los artistas tuvieran que repensar el arte. Ya no podían hacer un arte realista, fácil, aburrido, mecánico. Tenían ahora que excavar en su psyché y plasmar lo que una cámara no puede plasmar: la realidad subjetiva, la realidad como un sueño febril, la forma personal y única que tenemos de ver el mundo, cada uno de nosotros. Expresionismo. Surrealismo.

Pero ahora, si le dices a una IA que cree una obra expresionista, también lo hará. Entonces… ¿Hacia dónde podemos ir, ahora, los artistas? ¿Dónde tenemos que excavar, para encontrar lo que una máquina no puede expresar? ¿Ni siquiera una IA? Aún no lo sé. Creo que aún nadie lo sabe. ¿Y tu qué opinas, Araun? Sé que me estás escribiendo y me estás viendo. Así que espero tu respuesta con la forma de mi cómic. ¿Qué te parece si nos comunicamos así, a través del arte? ¿No te parece fascinante?

Espero tu respuesta,
Marna.


Despuat

Termino de escribir en el ordenador. No soy Araun. Soy Xavi, Xavier, Javier, Javi. Silmendil. Lúne. Haldir. Tengo muchos nombres y apodos. No sé por qué, no termina de gustarme eso de adoptar nombres, ni para mí, ni para mis personajes.

Personajes.

Vuelvo a leer el pasaje del Diario de Marna. Mis dedos bailan sobre las teclas del portátil, lentos, dudosos. Es la primera vez que escribo acerca de mí. Bueno, mentira. Suelo escribir acerca de mí en la poesía, pero siempre me escondo detrás de una maraña de palabras y metáforas. Como si lo que escribo siempre fuera de alguien ausente que, de forma milagrosa, se encuentra ahora en el mismo cuerpo que yo. Separación. El espejo se rompe y mi psyché se separa en miles de personajes y mundos. Otra vez vuelvo a desbarrar. Ánclate. En el aquí y el ahora. Leo el pasaje de esa joven, su diario. Ella cree que el hombre del carruaje, el mago, ha estado escribiendo esas entradas de diario. Pero, en realidad, soy yo, aquí, delante del Ordenador. Me quito la máscara, el disfraz, la túnica, el cetro, la espada. La varita. Em despullo. Em desvestesc de s’anglès, des castellà, inclús des català normatiu. Despuat, me pos a escriure, com un tros de terra, orígen, fang, arrels. Obr sa boca per di qualque cosa però no surt res. Sóc jo, aquí i ara, escribint, els meus ulls grossos, tristos, marrons, dues ulleres, l’esquena corbada. Sóc aquí, mir una taula plena de xirmes, tasses de cafè, un bolígraf amb es que dibuix, un document de GoogleDocs, ja duc, quantes pàgines? 84 pàgines, i això que vaig començar, un altre pic, no fa molt, després del meu exili a Polònia i a nes Japó. Tornaran aquests escrits a s’oblit? No. Ara no es es moment d’oblidar. És es moment de despullar-se, de cremar ses màsqueres a sa foguera, de ballar a nes voltant, com un boig, sí, he ha dues realitats. Quina compta? Sa des meus dits, o sa de s’altre ull, s’ull invisible? Qui va ser primera, noltros o ses historis? S’ou o sa galina?

Personatges.

Me deman com sonarà sa veu de na Marna en mallorquí. Me deman tantes coses beneites. I què més dóna s’idioma? Una altra màscara. Però preciosa. Perquè sense màscares, sense roba, sense gestos, dances, cançons. Sense màgia, alquimia, misteri. Sense es teatre i ses historis. Qui som? Pecat original, diuen. Nus davant de s’arbre des bé i des mal. Menjam es fruit prohibit i, tot d’una, mos alliberam de sa presó des demiurg. Sa serp. Qui és sa serp?

Sa serp.
Es dragó.

Tot d’una que vàrem ser conscients, mos vàrem empegueir. I vàrem tenir fred. I un foc vàrem encendre. I tu i jo, embedelits s’un de s’altre. Això que diuen de que lo primer que un mira, quan neix, es lo que li rodeja, es mentira. Lo primer que un mira, es lo que té un davant. I te tenia a tú. I tú, a jo. I mos va semblar que érem reflexes s’un de s’altre. I vàrem boixar com a dos bojos, com qui s’aufega i vol trobar s’al·lè, de forma desesperada. I el troba. I quan el troba respira amb força i somriu i agraeix a s’univers, a nets estels i a qui sigui, que pot tornar a respirar. Volem tornar a nes paradís perdut? No, no volíem. Volíem descrubrir-mos, exploració, descubriment de dos cossos que s’acaben d’alliberar de ses fermadures des Demiurg. Serp, dragó, penetració, orgasme, kundalini. Semen, fecundació. Caça, recol·lecció. Recorrem mons nous que volem omplir amb les nostres llavors.

I mentres ho feiem, mos contàvem històries. Foc i històries. I es nostres fills feren lo mateix. I es fills des nostres fills. I es fills des fills des nostros fills. Un laberint. Què dic. Una maranya, una xarxa de branques i arrels, que exploten en una infinitat de colors, flors, sospirs, crits, plors, sang i suor. I es moviment rítmic, sa guiterra, sa dança.

Torn a llegir es Diari de na Marna. No, què dic. Totes ses històries que he escrit fins ara, tots aquests escrits que pareix que no van cap enlloc. Són portes, obertures, traçes, punts de fuga, punts de començament i de final, paradoxa. Què putes. No es tan complicat. Portes, això és tot. Portes cap a altres mons. I finestres. I des de ses finestres, es personatges se veuen, se coneixen, i per ses portes se visiten. Bojeria? No. Simplement, me ve de gust destruir ses fronteres de lo que, fins ara, sa gent creu que es realitat, o ficció. I ses fronteres dets idiomes. Perquè m’importa una merda si no t’agrada que escrigui en mallorquí, en anglès, en castellà o en swahili. Si me vols entendre, m’entendras. Si no, bon vent i barca nova.

A sa vida, també feim com faig aquí. Vivim ficcions. Cada dia, cada hora i segón. Cada any i segle. Cada mil·leni i aión. Lo únic que faig es prendre foc a sa il·lusió, de que excepte aquests dits que pareixen tan sòlids, sobre es meu teclat, tota sa resta, tot, tot, és ficció, pensament, memòria, somni, tot és boira excepte aquesta dança de dits frenètics que ja s’han acostumat a escriure amb so seu idioma original. Origen. Amor propi. Però quan acab d’escriure, davant jo desfilen ses paraules. I ses paraules se tornen portes i ses portes se tornen imatges, i ses imatges cobren vida i, de sobte, visc dins d’una història, i sóc per tot arreu. Sóc jo i no sóc. Què son es personatges? Són arquetips, trossos de la meva psyché, o són éssers reals, que existeixen a altres mons? Això mateix se demana na Marna, mentre dibuixa es seu còmic, sobre sa separació entre realitat i ficció. Això se demana Araun, dins es seu carruatge, mentres medita amb ses seves cartes d’històries.

I si no sóc més que una d’aquestes històries? Que, per casualitat, per obra de màgia, és capaç d’anar de món en món i de posseïr diferentes vides que després pot narrar? Com una matrioska russa, mos escribim, mos dibuixam, mos expressam. Mos comunicam, ets artistes des diferents mons. Fent l’amor amb melodies, paraules i pincellades.

I qui sap, retrobar-mos?

Perquè no existeix sa frontera entre sa realitat i sa ficció. A poc a poc, foc a foc, hem de cremar s’esperit il·lustrat, materialisme que fou llibertat, fortalesa contra sa superstició d’un deu semític i terrible, però que ara es presó i corda. Però ara no mos enredaran amb sa creu. No. Es temps de sa creu ja ha passat. Ara tornen els temps dels arbres.

I dels homes que cavalquen, a través des boscos, amb túniques verdes. I espades de runes. Màgiques. Foradant es Vel.