Concepción

En resumidas cuentas, trata de la historia de un hombre que, un día, encuentra el viejo péndulo que, en su infancia, una niña misteriosa le regaló. Gracias a ese péndulo, encuentra, por fin, el Camino que lleva al Centro del Bosque. Hasta aquel momento, por una razón que desconoce, el centro de aquel bosque era impenetrable. Pasó por treinta y tres encrucijadas. Cada vez que llegaba a una encrucijada sacaba el péndulo y éste le indicaba el camino. Por fin, llegó al centro del bosque: un claro. Un círculo de piedras. En el centro del círculo hay algo enterrado. Lo sé. El péndulo está dando vueltas en este lugar, como si hubiera enloquecido. Con las manos desnudas, desenterré lo que estaba enterrado: una espada rota.

“Solo yo mismo puedo reforjar la espada”

¿Pero cómo voy a hacerlo? Sé que tengo que encantar la espada con las Runas de poder que solo yo conozco. Pero…¿Cómo voy a descubrir las runas? ¿Mis propias runas? ¿Qué son, realmente, las Runas, y para qué las quiero?

Paciencia.
Soledad.
Silencio.

Cuelga del Árbol de los Mundos. Suspendido en el centro del Universo. Y espera. Espera el susurro de un mundo que está naciendo. El sudor de tu cuerpo, las lágrimas, la saliva. El semen. La sangre. Todos mis fluidos resbalan y caen bajo el árbol. Lo riegan. Y el árbol empieza a florecer, con toda esa nueva sangre, con todo ese sudor, con la semilla que da vida, elementos preciosos que te ofrezco, oh, Diosa de mis adentros. Ofrenda.

El Árbol está floreciendo. Pero aún solo existe un árbol, ese pequeño árbol en este inmenso desierto de este nuevo mundo. No existen las nubes. Nació el Sol. Nació la Luna. Pero solo llueven mis fluídos. Aliméntate de mi vida. Aquí, cuelgo por tí. No quiero las runas, no necesito conocimiento. No necesito nada. Estoy aquí, colgando del Centro del mundo, porque quiero darte vida, mi vida, mi semilla. Para que crezcas. Para que puedas brotar y crecer y multiplicarte.

Quiero hacerte el amor en esta soledad, en este silencio sagrado.

Miles de abejas. La Reina de las abejas. Miles de abejas llegaron y empezaron a polinizar las flores. Su zumbido me sume en una profunda meditación, vibra mi cuerpo. Toda mi alma está vibrando. El Árbol está vibrando.

Cópula, miel y fruto.

Cuando las abejas terminaron su trabajo, la cuerda que me amarraba al árbol se rompió y caí al suelo, junto a la espada rota en pedazos.

Escuché una voz, desde el interior del árbol.
Tu voz.

Solo cabe esperar. La paciencia de quien sabe que es inevitable.

-¿Qué es inevitable?

Que la flor se convierta en fruto. Y que el fruto de lugar a un nuevo Bosque.

Iba a decir algo más, no recuerdo qué, pero desde las raíces del árbol, allí donde todos mis fluídos habían caído, se levantó una neblina. Y, de aquella neblina, se formaron unos nubarrones negros, preñados de tormenta. Y, entonces, llovió como nunca he visto llover, durante semanas y semanas (a mí me parecieron eones – el tiempo pasaba de forma extraña) sin interrupción. Cuando la tormenta, por fin, arreció, un lago se encontraba ahora, en el lugar donde antes había habido un claro. En el centro del lago, el inmenso Árbol, repleto de frutos dorados. Y ocho ríos que parten del lago y han empezado a regar, con sus aguas, un mundo nuevo.

Entonces, lo comprendí. Solo hay una cosa que puedo hacer: dejar que el nuevo mundo se despliegue, a través de mí. No hay nada que esperar, que hacer. No hay un objetivo. No hay runas que descubrir, no hay nada que resolver. Solo dejar que todo se despliegue, en la forma que llegue. Como la naturaleza. Como los árboles, las flores y la danza de las estaciones.


El huevo

Cierro los ojos y dejo que las imágenes vengan a mí como una oleada, como una catarata. Una ventana. Hay un niño sentado en la ventana, está mirando el horizonte. Allí, a lo lejos, hay un dragón que sobrevuela una ciudad en un valle. No veo fuego, ni peligro. De hecho, hay varios dragones que van y vienen de la ciudad, como si fuera lo más normal del mundo. Sobre los dragones, hay gente montada. El niño dibuja ese paisaje. Lo ve, con su tercer ojo. Dibuja a los montadores de dragones. En su grimorio personal, pinta una ciudad. Su escudo de armas es un hombre que monta un dragón. Un fuego celeste sale de su boca. El fuego de dragón es muy diferente al fuego corriente. Es un fuego que transforma. Un fuego mágico. La razón por la que los dragones son asesinados – escribe el niño, bajo el dibujo – es porque este fuego tiene que ser eliminado de la faz de la tierra. Los grandes dragones fueron asesinados por los Usurpadores ya hace muchos, muchos siglos. El niño siente un escalofrío por la espalda. Hace frío, pero no es un frío externo. Es un frío de su alma. Su mano se dirige, temblorosa, hacia la hoja y empieza a dibujar una bonita flor abierta, una flor en el suelo. En el centro de la flor, un huevo. Sobre la flor, varias águilas sedientas dan vueltas alrededor del vuelo. Quieren robarlo, comérselo. El niño supo, en aquel mismo instante, que aquel huevo existía en algún lugar, en su mundo. No en un mundo de fantasía, no en los pliegues de un libro, no en el confort de una imaginación cerrada, encorsetada. No. El huevo existe aquí y ahora.

Y está en peligro.

Así que aquella misma noche se escurrió hacia las caballerizas, haciendo el menor ruido posible, cogió el pony que le había regalado su tío, y se fue cabalgando hacia un lugar que conocía muy bien. Si no me doy prisa, el huevo va a ser devorado. Fue aquella noche. Sí, aquella noche fue la noche que lo cambió todo. Cuando llegó al claro, vio a un grupo de criaturas negras que se precipitaban contra algo que se encontraba en el centro. No podía ver claramente qué era, en la noche. Solo una ténue luz celeste. Aquellas criaturas iban a devorar la última luz celeste que queda en este mundo. Pero cuando sacó su pequeña espada, vio que también refulgía con una débil luz celeste. El huevo se encuentra allí. Están a punto de destruirlol. Con gran furia, como un padre que defiende a sus polluelos, el niño se abalanzó contra aquellas criaturas, enarbolando la espada. De rodillas, cubierto de heridas, la sangre negra y viscosa a su alrededor, observó lo que se encontraba en el centro. El gran huevo que despide esa luz celeste. Agarró el huevo, montó su pony y volvió cabalgando hacia su casa.

Volvió a casa con el huevo escondido en el interior de su capa y, finalmente, lo colocó sobre las brasas. Por fin estás en casa.

Las brasas, entonces, se volvieron azules.
El fuego azul.

El fuego azul de los dragones.
Está de vuelta.

Poco a poco, el huevo empezó a romperse.


The Hooded Ones

Llevo tiempo preguntándome quién es esta figura de la túnica verde. A veces se aparece como un hombre de gran tamaño. Otras veces, como una figura de pequeña estatura. Pero siempre hay algo que se repite: su túnica verde y su capucha de forma puntiaguda, como si fuera hijo de la tierra. Se mueve a través de mis mundos, es como si fuera la encarnación del alma de mi Imaginación, de mi Creatividad, pero en su forma más sólida, más artesana. Es un espíritu de los bosques, de raíces, de rocas. También es un cazador, con su caballo. A veces monta un ciervo macho, de inmensos cuernos. Me pregunto si no es simplemente porque he estado jugando mucho a Legend of Zelda. Link es un chico que va vestido con un vestido verde, con su capucha puntiaguda. Es ciertamente posible. Pero tiene muy poco en común con Link. La figura de la capucha verde no es un héroe con espada que tiene que salvar a una princesa en apuros. No. Empezó a tomar forma poco a poco, mientras pasaba esas noches en vela en esa cabaña en el centro del Gran Bosque. Fue en esas noches frías. Llevaba tiempo conectando con una joven de cabellos azules y ojos dorados. Mi parte femenina, poética, estaba satisfecha. Pero mi parte masculina, salvaje, violenta…estaba sedienta. Y mi niño interior estaba afligido, asustado, confundido. Necesitaba un padre, un hombre y un amigo.

Mientras navegaba por los mares Jungianos, una sincronicidad llevó a otra y, finalmente, me encontré con la figura de la capucha. Aparece en un grabado realizado por el propio Jung, en su casa-torre de Bollingen (la torre!).

Y he aquí la inscripción:

«Ὁ Αἰὼν παῖς ἐστι παίζων, πεττεύων· παιδὸς ἡ βασιληίη» · Τελεσφόρος διελαύνων τοὺς σκοτεινοὺς τοῦ κόσμου τόπους, καὶ ὡς ἀστὴρ ἀναλάμπων ἐκ τοῦ βάθους, ὁδηγεῖ «παρ’ Ἠελίοιο πύλας καὶ δῆμον ὀνείρων».
Time is a child — playing like a child — playing a board game — the kingdom of the child. This is Telesphoros, who roams through the dark regions of this cosmos and glows like a star out of the depths. He points the way to the gates of the sun and to the land of dreams

El espíritu del Nuevo mundo que nace desde las tinieblas, la lava, la erupción. Telésphoros está hecho de lava, de piedras, de tierra. Teutónico, masculino, sólido. Camina con altivez, niño, hombre y anciano, inocencia, coraje y sabiduría. Toca la flauta, la melodía de “Lost Woods”, la canción de Saria, en busca de la joven que se perdió en lo más profundo del bosque. El interior del Laberinto. Toca la flauta. Me está invocando, me está llamando, con una gran sonrisa. Otra vez el psicopompo, niño de Hermes, el cetro y las dos serpientes, el que agujerea el Velo, el constructor de puentes entre mundos.

Recuerdo que antes de llegar a la granja de Tokushima tuve un sueño. En aquel sueño, un hombre enfermo (está muriendo) tarareaba la Canción de “Lost Woods” de la Ocarina del Tiempo. Con tristeza, con nostalgia. Al llegar a la granja, una de las primeras cosas que experimenté fue el sonido de una flauta. Viene de arriba, del primer piso de la casa de la granja. Suena la canción de “Lost Woods”, Saria’s song. No me lo podía creer. Me quedé escuchando la canción. Y cuando supe que quien tocaba la Canción, un joven de 19 años, estaba enfermo (aunque no de muerte, por suerte) ya no me sorprendí tanto.

¿Qué simboliza esto? ¿Mi niño interior estaba enfermo? ¿Tratando de encontrar el camino por los bosques perdidos, en busca de Saria? ¿Qué estoy haciendo aquí, lejos de mi arte, perdiendo el tiempo?

Curiosamente, Telesphorus es el dios-niño que se dedica a curar a los niños.

“The Hooded Spirits”.

Otra vez me sumerjo en el agujero de conejo de la Wikipedia.

Telesphorus es uno de los denominados “Hooded Spirits”. Esto es lo que aparece en wikipedia:

The religious significance of these figures is still somewhat unclear, since no inscriptions have been found with them in this British context.[2] There are, however, indications that they may be fertility spirits of some kind. Ronald Hutton argues that in some cases they are carrying shapes that can be seen as eggs, symbolizing life and rebirth,[4] while Graham Webster has argued that the curved hoods are similar in many ways to contemporary Roman curved phallus stones.[5] However, several of these figures also seem to carry swords or daggers, and Henig discusses them in the context of warrior cults.[1]

Es siempre desconcertante y apasionante la falta de información que hay en las culturas que no han dejado escritura tras ellas. Existen bibliotecas enteras de escrituras romanas, griegas y cristianas, pero casi nada de los demás, salvo fuentes indirectas. Uno solo puede acercarse a ellas con visiones, sueños, poesía. Intuición. Posesión. Invocación. Juego.

Me meto otra vez en el agujero de conejo:

Similar to the Irish and Scottish Aos Sí (also spelled Aos Sidhe), pixies are believed to inhabit ancient underground sites such as stone circles, barrows, dolmens, ringforts, or menhirs.[4] In traditional regional lore, pixies are generally benign, mischievous, short of stature, and childlike; they are fond of dancing and wrestling outdoors, of which they perform through the night.
In the modern era, they are usually depicted with pointed ears, often wearing a green outfit and pointed hat.

Pero ya estoy cansado de buscar. Está bien claro. No puedo aún ponerlo exactamente con palabras, pero está bien claro. Cuando salga el Nuevo Sol, me va a ser revelado. Como todo lo demás. No tiene sentido buscar más. El conocimiento tiende a enmarañar las cosas, a hacer una maraña de lo que debería ser sencillo, como un simple amanecer, o como el trino de los pájaros. O como la danza de unos pixies, en medio de un claro. Estoy cansado de estas marañas, de estos laberintos, de estos “Lost Woods”.

Libérame del bosque,
oh, pájaro azul.

Aunque solo sea por un día.